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A 100 años del nacimiento de Jorge Yarur Banna

domingo, 23 de diciembre de 2018


Vida Social
El Mercurio





Mi padre nació el 24 de diciembre de 1918, pocos días después de que terminó la Primera Guerra Mundial. Le tocó vivir, junto a mis abuelos Juan y Olombí, y a mis tíos Carlos y Amador, una época marcada por el sello del trabajo, el esfuerzo y la honestidad.

En 1946 se recibió de abogado en la Universidad de Chile, y cuando tenía solo 35 años debió hacerse cargo de liderar y modernizar Yarur Manufacturas Chilenas de Algodón (la mayor textil de Sudamérica) y de la presidencia del Banco de Crédito e Inversiones (BCI), cuando mi abuelo Juan murió sorpresivamente de un infarto. Después también lideró la modernización de Tejidos Caupolicán, en Chiguayante y Renca.

Como principal accionista y controlador del BCI, lo transformó en uno de los mayores bancos para pequeñas y medianas empresas de Chile, además de tener una destacada participación gremial en la presidencia de la Asociación de Bancos y en la Sofofa, y una enorme labor social en múltiples actividades de beneficencia y de apoyo al deporte.

"A mí me encantaba ser abogado, me encantaba ser textil y cuando llegué al banco me encantó ser banquero... En realidad, lo que a mí me encanta es trabajar", publicó El Mercurio, agregando: pensaba que la única fórmula del éxito estaba en "mucho trabajo, algo de suerte, tomar algunos riesgos y tener sentido del ahorro".

En 1958 se casó con mi madre, Raquel Bascuñán Cugnoni, con quien era especialmente afectuoso y a la que quería profundamente. Los tres vivimos una vida familiar bastante privada y sencilla, que se mezclaba con los famosos almuerzos de domingo, donde participaba todo tipo de personas, con orígenes e intereses diversos, sin ningún tipo de discriminación social. "De su gran casa en Vitacura hizo un lugar de encuentro para todas y sus múltiples amistades. Ahí, él mismo, al mejor estilo de un patriarca, instauró junto a su familia, su mujer Raquel Bascuñán y su único hijo Jorge Juan, aquellas juntas-tertulias que comenzaban siempre con un aperitivo de empanadas salteñas y de los tragos, que con sus propias manos y de acuerdo a sus secretas recetas preparaba para agasajar a sus invitados", recordó "El Mercurio" en esos años.

Fue un hombre apasionado por la lectura, moderno, leal, honesto y solidario. Su escritorio, que contiene una de las mejores bibliotecas privadas de la época formada por mis padres desde su juventud, se mantiene intacto en el actual Museo de la Moda. Las palabras de mi madre reflejan bien cómo eran ambos: "esta biblioteca será la verdadera herencia que te dejaremos".

"El Mercurio" destacó en esos años: "Pero ni su fortuna ni la relevancia de su cargo o de quienes lo rodearon le hicieron perder su sencillez".

Mi padre murió en 1991 y mi madre en 1996.

Como homenaje a mis padres, la Fundación Yarur Bascuñán protege a animales abandonados, un amor que siempre compartimos los tres en familia. Y la Fundación Museo de la Moda cuida y proyecta la memoria, honestidad y nobleza de corazón de mis abuelos y mis padres, como aporte y agradecimiento a Chile; preserva la tradición textil de mi padre y la sensibilidad de mi madre por el arte y la estética, como reflejo de un tiempo y de una cultura.

 Jorge Yarur Bascuñán, Director de la Fundación Yarur Bascuñán

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