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El 5 de octubre fue un gran día para la democracia chilena

domingo, 30 de septiembre de 2018

Presidente Sebastián Piñera Echenique
El_Mercurio


El 5 de octubre de 1988 fue un gran día para la democracia chilena. Después de largos 16 años de régimen militar, ese miércoles, la mayoría de los chilenos, con un lápiz y un papel, tomamos la sabia decisión de abrir las puertas hacia la recuperación de nuestras libertades y democracia.

Recuerdo con emoción los días previos al plebiscito. El domingo anterior, junto a Cecilia, participamos con entusiasmo en la gran concentración por el No en la Ruta Norte-Sur, que convocó a cientos de miles de chilenos con la firme decisión y esperanza de recuperar nuestra libertad y democracia, que es la forma natural de vida del pueblo chileno, y para la cual no solo estábamos preparados, sino que también la necesitábamos tanto como el aire que respiramos.

Ese domingo 2 de octubre teníamos un almuerzo en nuestra casa en que convergieron amigos partidarios tanto del No como del Sí. Con Cecilia llegamos con mucha adrenalina de la marcha, pero recuerdo las ingratas y duras diferencias durante ese almuerzo, lo que reflejaba el clima de confrontación que vivía la sociedad chilena.

La mañana del plebiscito acompañé muy temprano a Cecilia a votar, y luego ella a mí. Fue un día lleno de alegrías, angustias y emociones que nunca olvidaremos. Cuando finalmente esa noche la democracia se impuso con toda su fuerza y trascendencia, junto a un grupo de amigos, y al igual que una gran mayoría de chilenos, nos llenamos de alegría y emoción: por fin se abrían las puertas hacia la recuperación de nuestra democracia.

También comprendimos que todos los chilenos teníamos una enorme responsabilidad y misión: contribuir a que la transición hacia la democracia y a las elecciones libres para elegir a nuestro primer Presidente y Congreso fueran ejemplares y permitieran demostrar la grandeza y sabiduría de los chilenos, así como su sólido compromiso con la libertad, la unidad nacional y el respeto a los derechos humanos.

Recuerdo también haber visitado a mi padre, que estaba hospitalizado y gravemente enfermo. Lo que más le angustiaba no era la proximidad de la muerte, sino el no poder votar , porque junto a mi madre compartía nuestras mismas convicciones, emociones y esperanzas.

Recuerdo que tiempo después nos reunimos con Patricio Aylwin en su casa junto a Genaro Arriagada y Edgardo Boeninger para analizar caminos del futuro.

Pienso en las ironías del destino. El mismo Patricio Aylwin que, como presidente del PDC, fue un actor importante el 11 de septiembre de 1973, y que entonces había confesado que pertenecería a una "generación fracasada", 16 años después, la vida, el destino o la divina providencia le daban una nueva oportunidad para jugar un valioso y estelar rol en la recuperación de nuestra democracia, y un año después, ser elegido como el primer Presidente de la democracia que renacía con toda la fuerza del mundo.

Sin embargo, la historia de la recuperación de nuestra democracia no comienza ni termina ese 5 de octubre de 1988. Por ejemplo, mucho antes, y a través del Acuerdo Nacional de 1985, bajo la convocatoria de la Iglesia Católica, personeros de gobierno y oposición acordaron promover una transición rápida y ordenada , con una ley electoral que garantizara el voto libre, secreto, informado e imparcialmente regulado, el restablecimiento de la integridad del Congreso y la regulación inmediata de los estados de excepción. Sabemos que la iniciativa no prosperó en ese momento, pero la semilla ya estaba sembrada.

Luego, sectores visionarios que habían liderado la oposición al régimen militar conformaron la Concertación por el No, para luchar por la recuperación de nuestra democracia en forma pacífica y ejemplar.

Posteriormente, vino el gran triunfo de la democracia el 5 de octubre de 1988, que permitió devolver la soberanía a las manos de los ciudadanos, para que ellos pudieran elegir a sus gobernantes, restaurando el Estado de Derecho, el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos, gravemente vulnerados durante los 17 años de la dictadura militar y así dar inicio a un régimen democrático.

También es importante recordar que el plebiscito del 5 de octubre de 1988 estaba contemplado en la Constitución del 80 y que el Tribunal Constitucional estableció con posterioridad normas absolutamente necesarias como un registro electoral, otorgando así mayores e indispensables garantías democráticas, y más allá de ciertas dudas y vacilaciones, esa noche, el régimen militar reconoció el resultado del plebiscito.

Tras el triunfo del No se inició un diálogo no exento de dificultades que culminó exitosamente con las reformas constitucionales del año 1989. Luego vino la ejemplar elección y el triunfo de Patricio Aylwin en las elecciones presidenciales del año 1989, quien, con la valiosa colaboración de todos los sectores bajo el espíritu de la "Democracia de los Acuerdos" y la mantención de las bases de la economía social de mercado, supo conducir al país con prudencia y sabiduría para consolidar la democracia y liderar valiosas y necesarias reformas.

Así se forjaron años virtuosos, en los cuales se pudo avanzar, aunque no con la celeridad que los familiares de las víctimas requerían en la búsqueda de verdad, justicia y reparación en materia de DD.HH., en armonizar las relaciones cívico-militares , en dar fortaleza y estabilidad a la naciente democracia, en potenciar el desarrollo económico y en reducir significativamente la pobreza.

Fue así como los chilenos, con el liderazgo del Presidente Aylwin, la colaboración y buena voluntad de amplios sectores de nuestra sociedad, de gobierno y de oposición, supimos realizar una transición sabia y ejemplar hacia la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos, en todo tiempo, lugar y circunstancia.

Normalmente, las transiciones de gobiernos autoritarios a gobiernos democráticos se hacen en medio de crisis política, caos económico y violencia social. Nada de esto ocurrió en Chile , lo cual es la mejor evidencia de la sabiduría y generosidad con que supimos conducir esa primera transición.

Pero esa transición ya es historia. Y la historia ya está escrita, y sobre ella podemos hablar y analizar todo lo que queramos, pero ya no podemos cambiarla. Lo maravilloso del futuro es que aún no está escrito y podemos tomar los pinceles y trazar los caminos del futuro.

La antigua transición nos permitió conquistar las libertades y la democracia. Ahora nos corresponde la gran y noble misión de liderar una nueva transición: la transición hacia el desarrollo, hacia la superación de la pobreza y hacia la creación de una sociedad más libre, más justa, más próspera y más solidaria.

Para tener éxito en esta misión, debemos hacerlo con la misma unidad, sabiduría, generosidad y grandeza que supimos demostrar durante la recuperación y consolidación de nuestras libertades y democracia.

Algún día, más temprano que tarde, nuestros hijos, nietos y los que vendrán, nos exigirán cuentas respecto a cómo logramos liderar y conducir esta nueva transición. Y a ellos, simplemente no les podemos fallar.

Estoy muy consciente de que aún nos faltan muchos problemas por resolver, desafíos por enfrentar y caminos por recorrer, para poder afirmar con orgullo y humildad que Chile, la colonia más pobre de España en América Latina, es el primer país en conquistar el desarrollo y derrotar la pobreza.

Tengo la convicción de que las lecciones y enseñanzas del 5 de octubre de 1988, un gran y luminoso día para nuestra democracia, guiarán e iluminarán los caminos del diálogo, el respeto, los acuerdos y la colaboración entre los chilenos para hacer de Chile una patria más libre, grande, justa y solidaria, con la cual nuestros antepasados siempre soñaron, pero nunca lograron alcanzar.

Esa es nuestra misión, la misión de la generación del Bicentenario que, como Presidente de todos los chilenos, y más allá de mis debilidades y defectos, me corresponde liderar en sus primeras etapas y a la cual he entregado y seguiré entregando toda mi voluntad, compromiso, entusiasmo y capacidades.

Pocas generaciones han tenido el privilegio, la oportunidad y la responsabilidad de enfrentar dos desafíos tan grandes, nobles y trascendentes como los que le ha tocado a la nuestra. Victor Hugo, ese gran pensador francés, afirmaba que "El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad".

Hoy no es el tiempo para débiles ni temerosos. Hoy e s el tiempo para valientes que sepan pensar en grande y para que los chilenos y chilenas, orgullosos de nuestra historia, sepamos subirnos en hombros de gigantes y enfrentar, con unidad , valentía, esperanza y amor por Chile, la gran misión de hacer de nuestro país una patria en que todos sus hijos puedan desarrollar los talentos que Dios nos dio y vivir su vida con garantías de dignidad , y de esta forma buscar junto a sus seres queridos una vida más plena y más feliz.

Tengo la convicción de que las lecciones y enseñanzas del 5 de octubre de 1988, un gran y luminoso día para nuestra democracia, guiarán e iluminarán los caminos del diálogo, el respeto, los acuerdos y la colaboración entre los chilenos para hacer de Chile una patria más libre, grande, justa y solidaria.

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