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Rector de la UAI revela camino a la gratuidad con fondos propios hasta el sexto decil

domingo, 09 de septiembre de 2018

María Soledad Vial
El_Mercurio

Harald Beyer, máxima autoridad de la Universidad Adolfo Ibáñez. Después de marginarse de la gratuidad por cuatro años, el nuevo rector de la UAI afina un modelo propio sin renunciar a la autonomía, según dice en esta entrevista, en la que también habla como ex ministro de Educación y ex analista del CEP sobre educación y política: "El Presidente, bien o mal, ha logrado detener la caída en su popularidad".

Hace cuatro años, la UAI estuvo entre las universidades que decidieron marginarse de la gratuidad que instaló el gobierno de Michelle Bachelet, críticos del impacto que tendría en la calidad y la autonomía de las instituciones superiores. Hoy, Harald Beyer, ex ministro de Educación, ex director ejecutivo del CEP y ahora rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, la mejor ranqueada entre las privadas del país, afina un modelo propio de gratuidad -"con matices", explica- que lanzarán para los estudiantes que ingresen en 2019.

¿Qué cambió? Nada en la discusión de fondo. Siguen considerándolo una política regresiva y que no hace sentido con modelos de calidad, pero no quieren "perder talento". "Un estudiante que venga de los primeros seis deciles y tenga más de 680 puntos ponderados recibirá el mismo tratamiento que si tuviera gratuidad; no pagará matrícula ni arancel", dice Beyer. Según el Ministerio de Educación, el sexto decil corresponde a aquellos estudiantes que se encuentran en un grupo familiar que tiene en promedio un ingreso por integrante que fluctúa entre $154.167 y $193.104.

En paralelo, seguirán manteniendo el sistema de becas -que llega hasta el 80% del arancel- para estudiantes que vienen de colegios subvencionados o municipalizados y que representan el 24% de los 9.000 alumnos que tienen en el pregrado. Los cálculos iniciales les dicen que esta "gratuidad con matices" demandará del orden del 5% de sus ingresos, cifra que irá subiendo con el tiempo, porque quieren caminar hacia una "admisión ciega" como las de Harvard, Yale o las grandes universidades en el mundo, "de forma que el nivel socioeconómico no sea una barrera para jóvenes que tienen los méritos".

El financiamiento vendrá de una redistribución interna de recursos y de un "pequeño colchón" que han ido acumulando. "Entendemos que somos una universidad relativamente cara en el contexto nacional", dice el rector, "porque nuestro proyecto educativo es de calidad y tiene muchas exigencias, pero no queremos que el costo de la carrera sea una barrera para el ingreso de jóvenes con talento".

-¿Cree que se han vuelto muy elitistas?

-No es esa la preocupación en estricto rigor. Nuestro proyecto educativo es distinto, es menos profesionalizante, porque en el mundo que se viene, nuestros egresados van a tener que encontrar respuestas distintas y no queremos que jóvenes talentosos que les interesa este enfoque queden excluidos.

-Pero a la larga, ¿no terminarían perdiendo diversidad si ellos eligen universidades con gratuidad?

-No es el motivo, recibimos muchos postulantes para los cupos que tenemos, han subido los puntajes, pero nos damos cuenta de que a la larga podíamos perder talento. No hemos perdido diversidad por la gratuidad y nos damos cuenta de que muchos estudiantes talentosos de niveles socioeconómicos más bajos nos miran con interés, pero nos consideran caros. Es el camino que encontramos para compatibilizar eso con nuestro proyecto sin renunciar a la autonomía.

"No fue un error... elegimos correctamente salirnos de esa camisa de fuerza"

-¿Cree que fue un error no entrar a la gratuidad?

-No fue ningún error; nuestro proyecto es de mucha calidad, demanda muchos recursos y autonomía; ni calidad ni autonomía estaban garantizados con la gratuidad.

-Pero, al final, se están subiendo al carro de la gratuidad, aunque sea con "matices".

-Pero sin perder calidad ni autonomía y gestionando nosotros los recursos. El error de la ley es no reconocer que hay diversidad de proyectos educativos. Si me obligaran a comparar mis costos con un modelo tradicional, no me dejaría seguir con nuestro proyecto de Artes Liberales, que tiene 23 alumnos y es caro, y yo creo que es fundamental para la formación de nuestros jóvenes.

Al fijar nuestra propia política de gratuidad, podemos definir cómo organizar nuestros recursos, tener un horizonte de largo plazo sin incurrir en ninguno de los costos implícitos de la gratuidad.

-El ex rector Andrés Benítez dijo que entrar a la gratuidad les costaría un déficit de $1.200 millones. ¿No tendrán impacto económico con esta nueva política?

-Nuestro proyecto académico y educativo está bien consolidado y perfilado, tenemos una situación financieramente muy sólida y sentimos que viene un proceso de consolidación, de enriquecernos como universidad, atrayendo a personas talentosas que son socioeconómicamente más vulnerables. Es el paso obvio. Podemos correr el riesgo de manera gradual en esta primera etapa, con los primeros seis deciles y 680 puntos ponderados.

-¿Está viendo efectos en las universidades que entraron a la gratuidad estatal?

-La evidencia es débil todavía, pero veo reclamos de los académicos de las instituciones que entraron a la gratuidad, y una vez instalada, es muy difícil salir. Veo muy complicado al sistema universitario, tanto por la gratuidad como por los recursos que le resta a investigación; su desarrollo está limitado. Elegimos correctamente salirnos de esa camisa de fuerza, y eso nos da más libertad para nuestro proyecto educativo.

Los éxitos y fracasos de la gratuidad en otros países

-¿Y cree que hay espacio para proponer cambios?

-No lo veo imposible, hay países que la tuvieron y se salieron, como Inglaterra, Australia, Nueva Zelandia.

-Argentina ha ido profundizando la gratuidad; sin embargo, algunas universidades, como la de Buenos Aires, figuran mejor que Chile en rankings internacionales. ¿Cómo se explica eso?

-Cuando uno cuenta con el presupuesto de la UBA, puede tener mucha calidad en su interior, la pregunta es por la calidad del sistema como un todo. De hecho, la UBA son como cinco universidades en una, tiene cerca de 300.000 estudiantes, una gran trayectoria y muy buenos profesores. Si hay un grupo de estudiantes aventajados que logra conectarse con los mejores profesores, empuja todo el sistema, pero a un costo gigantesco y con una tasa de graduación de entre 9 y 12%. La discusión de fondo es si resulta ser el mejor objetivo para invertir esa magnitud de recursos desde el punto de vista social, desde la autonomía.

-¿Pasa lo mismo en Brasil? La universidad estatal de Sao Paulo es la sudamericana mejor ubicada a nivel mundial.

-La proporción de estudiantes que tienen gratuidad en Brasil es relativamente chica, porque el gran desarrollo universitario ha ocurrido alrededor del sistema privado. En Argentina, el 66% de los estudiantes estudian gratis, en Brasil es el 25%. Es interesante, porque el gobernador de Sao Paulo elige al rector de la universidad a partir de una terna generada por los académicos, un esquema corporativo distinto a lo que uno tradicionalmente observa en las estatales chilenas. Sin olvidar que el estado de Sao Paulo le pone US$ 1.400 millones, son otros volúmenes y hay una tremenda discusión en Brasil sobre su rentabilidad.

El modelo inglés es, tal vez, el mejor modelo universitario del mundo y no es gratuito.

"Viene un proceso de consolidación como universidad, atrayendo a personas talentosas que son socioeconómicamente más vulnerables".

"Nuestro proyecto es de mucha calidad, demanda muchos recursos y autonomía; ni calidad ni autonomía estaban garantizados con la gratuidad".

"Queremos caminar hacia una "admisión ciega" (como las de Harvard, Yale o las grandes universidades en el mundo), de forma que el nivel socioeconómico no sea una barrera para jóvenes que tienen los méritos".

"Veo muy complicado al sistema universitario, tanto por la gratuidad como por los recursos que le resta a investigación; su desarrollo está limitado. Elegimos correctamente salirnos de esa camisa de fuerza, y eso nos da más libertad para nuestro proyecto educativo".

"No hemos perdido diversidad por la gratuidad y nos damos cuenta de que muchos estudiantes talentosos de niveles socioeconómicos más bajos nos miran con interés, pero nos consideran caros".

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