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Ojo en tinta: El drama de la violencia en el pololeo y la ley que busca zanjarla

sábado, 25 de agosto de 2018

Guillermo Tupper.
Vidactual
El Mercurio

En Chile, más de la mitad de los jóvenes conoce a alguna persona que fue víctima de violencia en relaciones sin convivencia. La tramitación de un proyecto de ley que sanciona el maltrato en estos casos es parte de la agenda del Gobierno, aunque plantea interrogantes ante los nuevos vínculos de afectividad que establecen los jóvenes.



Desde un comienzo, María Consuelo Hermosilla supo que algo no andaba bien en el pololeo de su hija Antonia Garros (23) y Andrés Larraín, un constructor civil diez años mayor. La primera señal fue su repentino cambio de carácter y comportamiento: de la alegre estudiante de gastronomía que salía a bailar con sus amigas y almorzaba a diario con su familia, pasó a estar irritable y a juntarse casi exclusivamente con el círculo cercano de su pareja. "Nosotros somos súper aclanados y ella dejó de asistir a las comidas familiares. Era súper notorio que él nos evitaba como familia", dice.

Aunque lo negaba, Antonia era víctima de maltrato físico y psicológico en su relación. En una oportunidad avisó que se iba de camping con su pololo y, según cuenta su madre, volvió a los tres días a la casa con "un ojo reventado". Aquella vez mintió con que se había golpeado con un velador. En otra ocasión llegó con moretones en su espalda y brazos. "Yo le dije que iba a hablar con Andrés y me di cuenta del terror que ella le tenía", dice Hermosilla. "Después de la primera vez que hablé con él, nunca más fue a buscar a la Antonia a la casa. Le dije: 'si le pasa algo, te voy a buscar hasta el final de mis días'".

En diciembre de 2016, Larraín le propinó una patada a Antonia en su edificio y fue pillado in fragranti por carabineros, quienes fueron alertados por testigos. Ella decidió terminar la relación y denunciarlo. Sin embargo, la pareja reinició su vínculo : el 7 de febrero de 2017, luego de una nueva discusión que habría incluido golpes, Antonia murió tras lanzarse al vacío desde el departamento de Larraín, ubicado en el piso 13 de un edificio en Pedro de Valdivia, Concepción. "Yo creo que hubo una conversación entre ellos de que 'esto no va a volver a pasar', la Antonia tiene que haber creído y, cuando él le pegó, ella se dio cuenta de que esto iba a seguir igual y no aguantó más", dice su madre.

Un problema transversal

Tras diez meses de investigación, el Juzgado de Garantía de Chiguayante cerró la causa en contra de Larraín, al calificar la muerte de Antonia como un suicidio. Sin embargo, esto no impidió que ella se convirtiera en un símbolo de la violencia en relaciones de pareja que están fuera de la normativa actual de Ley de Violencia Intrafamiliar. Su madre creó la Fundación Antonia, una entidad que acompaña a las víctimas durante el proceso de desvinculación de sus agresores y ayudó a armar dos proyectos de ley: el que busca declarar el 7 de febrero como el Día Nacional contra la Violencia en el Pololeo -que ya fue aprobado en la Cámara de Diputados- y la Ley Antonia.

Entre sus objetivos, esta última iniciativa pretende reformar la actual Ley de Violencia Intrafamiliar e incluir la inducción al suicidio como causa de femicidio u homicidio por omisión. "Las relaciones de pololeo no están normadas y tenemos un sistema que hace rato no viene funcionando", añade Hermosilla. "No hay nadie que reciba un golpe sin antes haber pasado por un camino extenso y constante de violencia psicológica. Por eso yo lidero esta petición de la inducción al suicidio: no es posible que exista gente que pueda enfermar a otra y que esta persona termine pensando que su vida es tan insignificante que no merece vivir".

Los casos de Antonia y el de Gabriela Alcaíno y su madre, que murieron en manos de Fabián Cáceres, ex pololo de Gabriela, pusieron en el centro del debate el drama de la violencia en las parejas sin convivencia. En Chile es un problema extendido: según el sondeo "Percepciones sobre la violencia en el pololeo" (2016), realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), el 51% de los jóvenes conoce a alguna persona que fue víctima de violencia en el pololeo. De ese porcentaje, un 88% de los encuestados dice que los insultos, humillaciones y gritos en parejas son las agresiones más frecuentes y un 49% opina que la principal causa son los celos y, en menor medida, el machismo en la sociedad chilena.

En la actualidad, la Ley de Violencia Intrafamiliar no contempla las relaciones informales y por tanto, en caso de denuncias por maltrato en un pololeo, solo tienen sanción en caso que exista un delito asociado, como un delito de lesiones. La figura del femicidio está circunscrita a cónyuge o ex cónyuge, y conviviente o ex conviviente, y no incluye a las mujeres asesinadas en contexto de violencia en el pololeo. "Eso baja la pena drásticamente, además de que los agresores pueden acceder a beneficios, situación que no ocurriría si se considerara un femicidio", dice Mariana Madariaga, directora de la ONG Parejas Sin Violencia. "Durante el primer semestre de este año murieron cinco mujeres en contexto de violencia del pololeo y al año, en promedio, mueren entre tres y cuatro personas. Estamos con un alza significativa que nos tiene muy preocupados".

La violencia en el pololeo también es una realidad experimentada por hombres. En el 2013, una investigación realizada por la propia Madariaga en colegios municipales de Maipú arrojó que el 41,51% de las mujeres y el 60,25% de los varones reconocía haber sido violentado por parte de su pareja. "El hombre se demora, más o menos, 14 años en denunciar que fue víctima de violencia intrafamiliar y la mujer se demora siete años", afirma. "En el caso de violencia en el pololeo, los chicos tienen toda una creencia cultural de que ellos son los que llevan la relación. Entonces, denunciar que 'mi polola me está pegando', los hace sentir súper avergonzados y prefieren quedarse callados".

Los especialistas coinciden en que la agresión física es la última estación de una escalada que parte con mecanismos de control e intimidación psicológica. "En la mayoría de las relaciones de chicos y chicas hay mucho de eso: entrar al Facebook de la pareja, revisar el teléfono, vigilar cómo anda vestido y con quién sale. Y, cuando la otra persona opone resistencia, empieza la violencia física", postula la psicóloga Texia Bejer, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad Santo Tomás.

¿Qué entendemos por pololeo?

La tramitación del proyecto de violencia en parejas sin convivencia forma parte de la agenda de la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Isabel Plá. El proyecto de ley, al que el gobierno le dio urgencia simple , tipifica como delitos el maltrato habitual en una relación de pareja sin convivencia y amplía la figura del femicidio. Esta iniciativa, presentada por primera vez al Congreso en marzo del 2013, le da un nuevo impulso al proyecto sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia de Michelle Bachelet (2017).

"El proyecto de ley sanciona todo maltrato que afecte la vida, la integridad física, psíquica, o la libertad o indemnidad sexual", dice Plá. "De la misma manera que la ley de violencia intrafamiliar, el juez o el ministerio público podrá decretar las medidas cautelares que la ley le señale, como por ejemplo, prohibición de acercarse a la víctima y rondas periódicas. En el caso de ser maltrato constitutivo de delito, las penas parten con presidio menor en su grado mínimo hasta presidio mayor en su grado máximo o, incluso, presidio perpetuo calificado, en el caso de femicidio".

Sin embargo, la iniciativa abre un debate sobre lo que se entiende por "pololeo" en una época en que dejó de ser una formalidad para muchos jóvenes. Para Madariaga, el proyecto del gobierno está "incompleto". "El proyecto de ley de Piñera dice que se va a considerar pololeo a las parejas con 'cierta estabilidad'. ¿A qué se refieren con 'cierta estabilidad'? Hoy en día los chiquillos se relacionan de otras maneras: son amigos con ventaja, 'poncean' o andan con alguien. Hay que redefinir el concepto de pololeo y ampliarlo no solo a las parejas estables y formales, sino que también a las esporádicas e informales".

En otros países (ver recuadro), el pololeo es solo una de las categorías insertas en leyes generales de violencia de género. "Creo que el punto sigue siendo un cierto tipo de relaciones de afectividad que, aunque sean abiertas, son relaciones de pareja, y, en términos de calificación, con algún grado de perdurabilidad en el tiempo", dice Lidia Casas, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales. "Si no se establece con claridad, podría haber problemas de ambigüedad. Entonces, más que tratar de definir el pololeo propiamente tal, es intentar establecer ciertos parámetros de lo que significaría una relación de afectividad".

Para el diputado Giorgio Jackson (RD), uno de los creadores de la Ley Antonia, el proyecto de ley que busca impulsar la ministra Plá es "rescatable" porque reconoce que hay violencia intrafamiliar en una relación de pareja sin convivencia. "Sin embargo, tiene ciertas deficiencias porque hay algunas formas de violencia que no son aplicables, pues están pensadas respecto de las familias, por ejemplo, la existencia del hogar común", sostiene. "Por otro lado, la Ley Gabriela establece una figura amplia de femicidio. Si bien ambos proyectos son complementarios a la Ley Antonia, los tres proyectos por sí solos son insuficientes porque no abordan la violencia hacia las mujeres de forma integral, sino desde el derecho penal y la violencia intrafamiliar. Es necesario incorporar legislativamente el contexto y las causas de la violencia contra las mujeres, como la violencia institucional".

Según Lorena Contreras, directora del Magíster en Psicología Jurídica y Forense de la Universidad Diego Portales, la clave es invertir en la prevención de la violencia desde una edad temprana. En ese contexto, los establecimientos educacionales y la institucionalidad de la salud juegan un rol clave. "Como sociedad generamos como respuesta una ley sancionatoria sin entender que, ya en ese momento, estamos llegando tarde", dice. "Un factor protector para nuestros adolescentes es que ellos no hayan vivido episodios de violencia en la comunidad, en su familia o entre sus padres. Cuando tú creces en el marco de una relación saludable, la posibilidad de que te veas involucrado en relaciones de violencia, como víctima o como perpetrador, es mucho más baja".

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