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Del cartón al hecho

jueves, 14 de junio de 2018

Pablo Ortúzar Madrid
Opinión
El Mercurio




Señor Director:

Eugenio Tironi, con progresista optimismo, hace un interesante análisis de nuestros datos sociológicos generales y se pregunta por qué tendría que irnos mal en el futuro si es que estamos alcanzando niveles educacionales cuantitativamente parecidos a los del primer mundo. Respecto a la mala calidad de nuestra educación, el sociólogo simplemente señala "algo aprenderán" y "mejor eso a que estén trabajando".

Con conservador escepticismo, quisiera responder a su pregunta apuntando al hecho de que su análisis no incorpora los enormes niveles de analfabetismo funcional (44%, Microdatos U. Chile, 2013), discapacidad en comprensión lectora (80-84%) y uso de aritmética básica (51%) que nuestra población registra, y que afectan también de manera importante a nuestros profesionales (27% analfabetos funcionales, 65% discapacitados).

¿Es razonable que luego de casi 20 años de estudios, mucha gente no entienda lo que lee, la gran mayoría solo entienda textos simples y la mitad de nuestra población no sepa dividir ni multiplicar? Si no se aprendió eso, ¿qué se aprendió? Parece que su teoría de la "osmosis" no funciona.

La verdad reflejada en estos datos, y confirmada por la total indiferencia por la calidad académica mostrada por el movimiento universitario, es que los chilenos no valoramos el conocimiento, sino los títulos profesionales, que suponemos que son la llave para acceder a posiciones de mayor privilegio en la estructura social. Si el conocimiento estuviera al centro de nuestra preocupación, la inversión en las etapas tempranas decisivas para la habilitación cognitiva sería prioritaria, y las tomas y paros universitarios no ocuparían la mitad del calendario académico.

¿Puede esto ponerse peor? Sí, puede. Por dos razones: la gratuidad de Bachelet, al nivelar para abajo, terminará reproduciendo a nivel universitario lo que ocurre a nivel secundario: la educación de calidad se concentrará en un caro y exclusivo sistema privado. Y, segundo, vendrá un momento de profunda frustración cuando quienes adquieran títulos universitarios sin ningún valor de mercado -al no reflejar conocimiento alguno-, aunque los hayan adquirido "gratis", se den cuenta de que sus expectativas chocan con la realidad.

Pablo Ortúzar Madrid
Investigador Instituto de Estudios de la Sociedad

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