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Entrevista a Sebastián Méndez, técnico de Palestino:

"Primero el hambre de gloria, después el dinero; si la ecuación se invierte, no funciona"

miércoles, 13 de junio de 2018

Claudio Herrera
Deportes
El Mercurio

El "Gallego" sale del molde, revela su devoción por la lectura, Bielsa y Klopp. "Trato de ser un tipo normal, no creo que el jugador se tenga que disociar de la gente, no entiendo esa parte". Las revelaciones de un técnico, ante todo, ciudadano.



Después de una hora de charla, Sebastián Méndez Pardiñas ofrece seguir la tertulia sin grabadora. Cuenta que en Godoy Cruz implantó el rito semanal de explicar -pizarra en mano y sin entrevistas formales de por medio- el juego a los periodistas.

Hijo de gallegos, el ex defensor creció en Villa Luro y de niño admiró a Oscar Ruggeri y a Ricardo Bochini. Quiso ser profesor de historia, pero su debut a los 17 años en el primer equipo de Vélez abortó esa opción.

"Una vez dije que el fútbol nos embrutece, porque somos monotemáticos y hablamos todo el día de eso, y yo sentía curiosidad por la historia, que nos ayuda a entender quiénes somos, a entender el franquismo o una dictadura militar, eso me interesaba. Sí, en el vestuario era bicho raro, porque soy un lector compulsivo, me gusta (Friedrich) Nietzsche, pero también (Charles) Bukowski. Después, (Jorge Luis) Borges, (Julio) Cortázar, (José) Saramago, (Ernest) Hemingway, Truman Capote, Henry Miller. La lectura me atrapó, porque el fútbol no te da la posibilidad de abrir muchas ventanas", dice.

-¿No lo consume el fútbol?

"Sí, son pocas las veces que estoy disperso, pero no reniego de eso. Esa dualidad de crecer en la calle y a la vez leer me dio las herramientas para poder sobrevivir".

"Tuve compañeros a los que el representante les llevaba el auto a mantención, pero el jugador no necesita eso. El futbolista, sobre todo de equipo grande, vive en una burbuja. ¡En España nos estacionaban los coches! Siempre traté de salir de esa dinámica. No creo que el jugador se tenga que disociar de la gente. Nada lo hace distinto al resto, salvo que el domingo puede alegrar, defraudar o emocionar a la gente".

-Usted se inició en el Vélez de Carlos Bianchi, en un vestuario de gente grande: Chilavert, Zandoná, Sotomayor...

"(Interrumpe) El 'Pacha' Cardozo, Gómez, Bassedas, 'Pepe' Basualdo, 'Turu' Flores, Asad. Yo me cambiaba solo en un vestuario aparte, por ser más chico, hasta que los más grandes me dejaron pasar. Antes era así, te ibas ganando el respeto en silencio y siendo un soldado para el equipo. La clave era el hambre de gloria y no de dinero. Una cosa conduce a la otra, pero primero es la gloria y después, el dinero; si la ecuación se invierte, no funciona. El que más me cobijó fue (Roberto) Trotta; era mi espejo, le sobraba personalidad, un loco que sabía cuál es el camino".

-¿Qué es tener personalidad?

"Imponerse por ideas, proteger al grupo, imprimir un sello, porque hay que ganar jugando bien y también jugando mal. Ese Vélez le ganó al mejor Milan de la historia, a Sao Paulo en el Morumbí, a Cruzeiro en la final de la Supercopa (...)".

Se ríe al recordar que en su debut en España, antes de tocar el balón, pegó un codazo. "Fue a (José) Barrella, de Espanyol, en el pecho. Entré a mil porque me quería mostrar y el árbitro tuvo piedad". Después haría fama por el piropo de Diego Maradona ("Me gustaría jugar con Méndez", dijo el zurdo) y por sus violentos cruces con Radamel Falcao. El colombiano fracturó al ex defensor y de vuelta recibió una patada alevosa en la espalda. "Si me lo cruzo me tomo un café con él, el rencor no sirve, el que lo tiene no crece", reflexiona.

Méndez reconoce que Marcelo Bielsa, "conceptualmente, fue el mejor DT que tuve, estaba adelantadísimo. En el 97 hacía periodización táctica, lo mismo que usamos los técnicos hoy. Lo tuve a la edad justa, porque yo era una esponja. Tenerlo un año fue suficiente, porque en un proceso de todos los días la relación con Marcelo se hace tensa. Lo aprendido fue para ponerlo en un marquito".

-¿Es verdad que le habría gustado jugar en el Sankt Pauli?

"Sí, en Alemania conocí a sus hinchas, que a pesar de ser anarquistas se convocan para entrar a un partido: ahí está el chiste de la cuestión, son muy genuinos, me gusta esa clase de vida (...) Yo necesito poco para vivir, acumular riqueza no es motivo de felicidad. Cuando uno empieza (en el fútbol) quiere un coche más lindo, pero ahora tengo una familia, tengo trabajo; no hay motivos para no ser feliz".

-Pero el jugador espera que el DT tenga respuesta para todo.

"Sí, y si no las tienes, se piensa y al otro día se responde. Las inquietudes de los futbolistas deben movilizar al entrenador".

Méndez cuenta su génesis como coach . "Los últimos seis meses de mi carrera tenía una doble osteocondritis en la rodilla y me llamó Julio Falcioni a Banfield para 'hacer vestuario', guiar al grupo. Pero terminé jugando en un torneo donde me infiltré 38 veces para estar en 19 partidos, una al empezar el encuentro y otra en cada entretiempo. Me volví un jugador más pensante y empecé a entender más el juego. Después viajé a Alemania para intentar reafirmar mis ideas. Quería ver a (Jürgen) Klopp, me gustaba el juego del Dortmund, pero también me seducía su historia en el Mainz, había descendido y le habían ratificado el proyecto. Yo decía, ¿como le creen? Cuando lo conocí entendí todo, él es lo que se ve, en su estado natural".

-Está loco...

"Sí, pero rompe el molde, no necesita ser otro, es la manera más pura y el jugador lo capta. Bielsa, lo mismo, por eso su apodo, ahí está la genialidad, sus métodos, manías, tienen esa locura sana, que transmiten".

En la despedida evoca a Bielsa. "Él decía que el éxito no es continuo y lo viví en carne propia: descendí, sufrí goleadas humillantes, tengo diez operaciones; son marcas que te quedan, es como la vida".

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