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En 2015 debutó una nueva ley que buscó mejorar las condiciones en este sector laboral:

Registro de contratos de trabajadoras de casa particular cayó 20% el año pasado, y expertos acusan rigidez de la regulación

domingo, 11 de febrero de 2018

Carlos Agurto L.
Economía y Negocios Domingo
El Mercurio

Pese a la nueva normativa, la informalidad en esta área incluso creció entre 2015 y 2017 en el segmento de las empleadas puertas afuera. Expertos destacan como posibles causas la compleja aplicación de la normativa y problemas en la fiscalización de parte de la DT. La llegada de inmigrantes ha ido cambiando la fisonomía de este mercado laboral.



Mireya es peruana y trabaja haciendo aseo en departamentos, principalmente en las comunas de Providencia y Santiago. Sus clientes son jóvenes profesionales que no tienen los recursos para pagar mensualmente a una trabajadora de casa particular, pero sí están dispuestos a destinar entre $20 mil y $25 mil para que una persona vaya una vez a la semana a su hogar para hacer los quehaceres domésticos. Ocupando cerca de tres o cuatro horas por departamento, Mireya se organiza para hacer calzar los tiempos y trabajar en dos lugares por día. De esta forma, se genera un sueldo por entre $700 mil y $800 mil mensuales, pero sin contrato y sin imposiciones.

Esta es la realidad que viven miles de trabajadoras de casa particular que han visto cómo ha evolucionado el mercado en los últimos años de la mano de mayor informalidad, pese a que a comienzos de 2015 entró en funcionamiento una ley sectorial que buscaba regularizar la situación en términos de horarios, jornadas de descanso y establece nuevas obligaciones de parte de los empleadores, entre otros aspectos. Si bien la obligación de contratar a las trabajadoras de casa particular siempre ha existido, la nueva ley obliga a que, a partir del 1 de enero de 2015, dichos contratos sean registrados ante la Dirección del Trabajo (DT).

Pero una norma que buscaba mejorar las condiciones laborales en este sector, para conocedores de la legislación hizo más compleja la formalización de los contratos.

Y las cifras parecen ratificar esta visión. Según datos de la DT, en 2015 se registraron 129.125 contratos de trabajo en casa particular, número que ha ido cayendo en los dos años siguientes. Mientras en 2016 ingresaron a la base de datos de la entidad estatal 41.709 documentos, en 2017 alcanzaron solo los 33.184 (ver infografía). Si bien el primer año de aplicación de la ley pudo incidir en la cifra, el que se registraran ante la entidad contratos ya existentes, entre 2016 y 2017 sí se verifica una caída del 20%.

Tasa de ocupación informal es de 47,9% entre el personal de servicio doméstico

El descenso en la inscripción de contratos ante la DT da cuenta de un fenómeno que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirma en los últimos datos disponibles de la Encuesta Nacional de Empleo, correspondiente al trimestre octubre-diciembre de 2017: el aumento de la informalidad en el sector.

De acuerdo a la entidad, 243.138 personas trabajan en Chile como personal de servicio doméstico puertas afuera, de los cuales el 53,2% lo hace sin contrato. Este porcentaje es superior al registrado en el mismo periodo de 2015 -año de entrada en vigencia de la ley- cuando la informalidad en este segmento era de 51,7%. En el caso del personal puertas adentro, la informalidad solo alcanzó el 15,7% en el último trimestre del año pasado.

A fines del enero, el INE dio a conocer un nuevo informe sobre informalidad en el mercado laboral que recoge datos por categoría ocupacional y ramas de actividad, el que ratifica lo planteado en el párrafo anterior. La tasa de ocupación informal es de 47,9% entre el personal de servicio doméstico, el segundo más alto y solo superado por los trabajadores de cuenta propia (65,6%), y muy por sobre los asalariados (17,5%). Por rama de actividad económica, la agricultura (46,5%) y otras actividades de servicios (50,9%) tienen un porcentaje similar al servicio doméstico.

El director (s) de la DT, Rafael Pereira, reconoce que la única manera que tienen para enterarse de la informalidad es a partir de denuncias. "En muchos casos nos informamos una vez que la trabajadora es despedida y concurre a nuestras oficinas a solicitar protección a sus derechos, en cuyo caso citamos al empleador, y si verificamos la existencia de la relación laboral, se sanciona", explica.

Ley no se hace cargo de las distintas modalidades de trabajo

¿Pero qué explica la alta informalidad en el sector? El economista e investigador de Clapes-UC, Juan Bravo, plantea que la Ley 20.786 vino a reducir la jornada laboral de las trabajadoras de casa particular, homologándola a la que tiene el resto de los trabajadores. "Acá la idea no era tener trabajadores de primera y segunda categoría. Pero quizás a algunos empleadores estas nuevas jornadas ya no les servían", dice.

Sergio Morales, abogado e investigador del programa legislativo del LyD agrega que, intentando evitar abusos, la ley vino a rigidizar el régimen tradicional de contratación en el sector y no se hizo cargo de las distintas modalidades de trabajo de las trabajadoras de casa particular, donde no se distingue solamente entre trabajadoras puertas adentro o afuera. "Los trabajos parciales, por hora, son cosas que no están bien abordadas" en la ley.

Morales participó en la discusión legislativa de la ley y reconoce además que la cantidad de días libres y los horarios fijos que la legislación impone desconoce la realidad y los timing que existen en los hogares. "Tener a una persona disponible todo el día implica la contratación de dos trabajadoras, lo que encarece la mano de obra", dice.

Para el economista y director de Hermann Consultores, Jorge Hermann, la aplicación de la nueva legislación tendió a rigidizar la relación laboral entre el empleador y la trabajadora. "La aplicación de la ley para una dueña de casa común y corriente es un poco compleja, exigiendo que el empleador tenga que registrarse en la DT y, a su vez, registrar el contrato de la trabajadora de casa particular. Exigirle a una dueña de casa común y corriente que haga eso es un problema. Eso puede ser atentatorio contra la formalización", asegura.

Actores acusan falta de fiscalización por parte de la DT

Para la presidenta de la Federación de Trabajadoras de Casa Particular (Fesintracap), Ruth Olate, otro de los factores es la falta de fiscalización efectiva por parte de la DT. "La ley está sobre la mesa, la fiscalización está contemplada, pero no se hace, además que llega solo hasta la puerta de los hogares donde hay trabajadoras de casa particular". La dirigenta cree que si las fiscalizaciones se realizaran pese a las restricciones existentes, "esta sería efectiva".

Natalia Flores, encargada de seguimiento legislativo del Observatorio de Género y Equidad, coincide en que uno de los principales déficits de la ley es el escaso financiamiento para fiscalizar un instrumento legal que requiere de mucha fiscalización en terreno. "Las relaciones laborales de este tipo se establecen en miles de hogares, por lo tanto, requiere de estrategias con un presupuesto asociado en que se fiscalice que los empleadores cumplan con la legislación laboral".

Pese a las críticas, Pereira defiende el rol asumido por la entidad. "Estamos en permanente alerta y lucha en contra de la informalidad a través de la realización de programas de fiscalización, sobre todo a partir de la implementación de la ley, y se tiene contemplado seguir efectuando dichos programas durante el presente año", explica.

Actualmente, los fiscalizadores de la DT no pueden acceder a los hogares que no tengan registrado sus contratos en el organismo. La autoridad asume que ese es un problema complejo, "pero existe otro valor jurídico que se busca salvaguardar, que es la privacidad de los hogares", agrega Pereira.

Trabajadoras piden subdeclarar para no perder beneficios sociales

Un tercer factor que explicaría la informalidad en el sector es una problemática cultural que la ley no ha logrado cambiar: muchas veces las propias trabajadoras piden subdeclarar ingresos -es decir firmar un contrato por un sueldo menor al real- o simplemente trabajar sin contrato, para seguir accediendo a beneficios sociales.

Hermann explica que la gente que está cerca del umbral para postular a programas sociales tiende a subdeclarar. "Sobre todo, esto se da para acceder a la vivienda social o a la gratuidad universitaria".

La presidenta de Fesintracap reconoce que lamentablemente hay responsabilidad de las trabajadoras, pero no son todas, dice. "Nosotros siempre estamos diciendo a nuestras compañeras que la ley está y no queremos que sea 'letra muerta', sino que sea una ley viva que sirva para todas las trabajadoras".

El director (s) de la DT afirma que radica en el empleador la obligación de poner por escrito el contrato, siendo el empleador el responsable de formalizar la relación y que, de no hacerlo, él asume las consecuencias. Natalia Flores añade que, de hecho, la ley establece multas entre 1 y 10 UTM. "No creemos que sea posible trasladar la responsabilidad del no cumplimiento de una obligación del empleador a las trabajadoras de casa particular", plantea. Sin embargo, reconoce que el Estado es responsable de generar procesos educativos sobre derechos laborales.

Este diagnóstico es compartido por Hermann. "Falta educación laboral para que la trabajadora de casa particular sea consciente de la importancia de tener contrato de trabajo, porque le entrega mayor seguridad social en el futuro. Eso también debiera ser responsabilidad de la DT", afirma.

Estamos en permanente alerta y lucha en contra de la informalidad a través de la realización de programas de fiscalización, sobre todo a partir de la implementación de la ley, y se tiene contemplado seguir efectuando dichos programas durante el presente año".Rafael Pereiradirector (s) de la DT.

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