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El exitoso programa "Youth in Iceland" logró reducir drásticamente el consumo de alcohol, tabaco y marihuana entre los estudiantes. El mismo objetivo que se espera replicar acá.

Chile adapta el modelo islandés para luchar contra las drogas

miércoles, 31 de enero de 2018

C. González
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio




En el mismo período en que en Chile aumentaba el consumo de alcohol y drogas en la población escolar, en Islandia ocurría el fenómeno inverso: de cifras superiores al 30%, pasó a porcentajes que no superan los dos dígitos. Hoy, apenas el 3% de los jóvenes islandeses de 14 a 16 años fuma todos los días, el 5% reconoce haber tomado alcohol en el último mes y solo el 7% dice haber probado marihuana.

Cifras ideales si se compara con la media europea -13%, 47% y 7%, respectivamente-, y muy lejanas a las que se observan por estas latitudes: el 6% de los estudiantes chilenos de 8º básico a 4º medio fuma a diario, el 35,6% ha consumido alcohol en los últimos 30 días y uno de cada tres ha probado marihuana, lo que convierte al país en uno de los con mayor consumo de cannabis en etapa escolar.

Razones de sobra para mirar hacia Islandia y seguir su ejemplo. Eso fue lo que hicieron una serie de sociedades científicas nacionales -como Sochipe, Sopnia y Sonepsyn-, en conjunto con la Clínica Psiquiátrica Universitaria de la U. de Chile, y comenzarán a aplicar el modelo islandés en cuatro comunas de la Región Metropolitana.

Alrededor de ocho mil estudiantes de 2º medio de Colina, Las Condes, Renca y Melipilla participarán, a partir de mediados de este año, en la iniciativa.

"Islandia tenía un problema similar al nuestro a fines de los 90, con un alto consumo de alcohol y drogas a nivel juvenil. Pero lograron revertirlo. Aquí queremos conseguir algo similar, sobre todo porque el daño asociado a este consumo se concentra en la población más vulnerable", comenta el doctor Carlos Ibáñez, jefe de la Unidad de Adicciones de la Clínica Psiquiátrica Universitaria y coordinador del programa en el país, que contará con la asesoría del Instituto islandés ICSRA, creador del modelo.

Tal como en Islandia, el programa considera un diagnóstico preciso del problema en cada lugar. Para ello se realizarán encuestas periódicas a los jóvenes para conocer datos como pautas de consumo, características familiares y del barrio. A partir de esa evidencia, se diseñarán intervenciones específicas para cada escuela, en las que se involucra no solo a los profesores, sino también a las familias y las autoridades locales.

"El modelo es muy sencillo, en la medida en que se enfoca a identificar factores de riesgo y protectores en cada lugar. Eso marca una diferencia con modelos actuales, que son de carácter nacional", agrega Ibáñez.

Por ejemplo, en Islandia observaron que un factor protector era la presencia de actividades deportivas o culturales: mientras mayor era la oferta, menos riesgo había de que los jóvenes cayeran en el consumo de alcohol o drogas.

Otro factor importante fue el empoderamiento de los padres: entregarles herramientas para criar mejor a sus hijos, ayudarlos a fijar límites y acompañarlos mayor tiempo.

Asimismo, potenciar la percepción de riesgo hacia estos consumos.

"Esto es un sueño hecho realidad; hace un año dijimos que debíamos traer esto a Chile y ahora lo estamos haciendo", dijo el doctor Humberto Soriano, presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe), durante la firma del convenio realizada ayer en Santiago. Para su éxito, "necesitamos crear un consenso social amplio; aquí no sobra nadie".

Para Joaquín Lavín, alcalde de Las Condes, "el tema es demasiado importante: las drogas y adicciones son el principal problema hoy en Chile, y es la mayor preocupación que escuchamos de las mamás".

Claudio Castro, alcalde de Renca, valora este modelo porque permitirá tener datos locales e inmediatos sobre la realidad del problema, para reaccionar con mayor inmediatez. "Vemos que el consumo ha ido creciendo y es importante enfatizar que no va siempre asociado a delitos o conductas violentas; este es un modelo que actúa desde la perspectiva de la prevención".

El programa tiene una duración inicial de cinco años; se espera tener resultados preliminares al tercer año, y que se incorporen más municipios.

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