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Cuando el remedio es peor que la enfermedad

martes, 30 de enero de 2018


El Mercurio

Michèle Labbé
Economista jefe Econsult

Las últimas elecciones dieron lugar a una serie de análisis políticos respecto de las estrategias que utilizó cada candidato y cómo ello influyó en el resultado final. Una de las conclusiones que se han repetido constantemente en los medios es que Sebastián Piñera ganó la elección porque logró adueñarse de muchas de las banderas que históricamente fueron de la izquierda; entre ellas, la preocupación por los temas sociales.

Para la mayor parte de la población, los economistas y los que hablamos de crecimiento e inversión podemos parecer unos fríos e insensibles robots, pero la realidad puede ser muy distinta.

Nuestra majadería en reiterar la importancia de recuperar la inversión y el crecimiento económico no se debe a que no tengamos sensibilidad social; muy por el contrario, se debe a que, a diferencia de otros, a nosotros no solo nos preocupa la pobreza, sino que además hemos aprendido que la mejor herramienta para combatirla es generar oportunidades..., generar empleos de calidad.

Cuando el único enfoque de los gobiernos es mejorar la distribución del ingreso, lo que en realidad se está haciendo es tratar de repartir mejor la torta, pero olvidando que una vez repartida, ¡la torta se acabó! Y ya no queda más torta por repartir.

Para desgracia de la población más desposeída de este país, las muy probablemente buenas intenciones del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet y su énfasis en realizar reformas a toda velocidad, por un lado, y el menosprecio por los inversionistas y empresarios, por el otro, terminaron generando mayores niveles de pobreza en nuestro país.

Aunque la noticia pasó medianamente inadvertida -de acuerdo al Banco Mundial-, la pobreza, medida como el porcentaje de la población que vive con menos de US$ 1,9 al día, aumentó desde 0,9 a 1,3% de la población en Chile entre los años 2013 y 2015. Esto implica que más de 75 mil personas cayeron en situación de pobreza.

¿Y qué tiene que ver esto con crecimiento e inversión? Mucho.

La inversión alcanzó más de US$ 72 mil millones en 2013, cayendo a niveles de US$ 57 mil millones en 2017; esto es, una caída de US$ 15 mil millones de inversión. Si consideramos que cada US$ 1.000 millones de inversión puede generar entre 10 mil y 20 mil empleos, entonces la baja de la inversión en Chile entre 2013 y 2017 generó una caída en la capacidad de generar empleos de entre 150 y 300 mil, considerando solo el año 2017.

En efecto, entre marzo de 2014 y noviembre de 2017 se generaron 10 mil empleos asalariados privados, comparados con los 600 mil que se generaron entre 2010 y 2013. Esta caída en la capacidad de nuestra economía de generar empleo asalariado es la que, muy probablemente, empujó las cifras de pobreza.

Las reformas sociales son ciertamente importantes, pero no pueden hacerse a cualquier costo, menos al costo de hacer caer en situación de pobreza a más de 75 mil chilenos. Tan importante como hacer las reformas sociales es saber a qué ritmo implementarlas y qué incluir en ellas. Una mala reforma social puede terminar siendo aún peor que no haberla hecho nunca.

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