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Los niños trans y la libertad

jueves, 18 de enero de 2018


Opinión
El Mercurio




Actualmente hay personas que defienden la libertad de los niños que se identifican como trans para modificar su nombre en el Registro Civil, para ser reconocidos según su identidad de género por las instituciones y otros, y si así lo desean, para ser intervenidos hormonal o quirúrgicamente antes de cumplir 18 años, incluso sin la necesidad de presentar certificados médicos o psicológicos.

No obstante, y quizás sin darse cuenta, estas personas están abogando por hacer retroceder la libertad de los niños trans.

Libertad para los niños trans significa, en primer lugar, que se les reconozca y se les visualice como lo que son: antes que todo, un niño trans es un niño. Confundir a un niño con un adulto es un modo de invisibilizar su realidad y, por lo tanto, una manera de vulnerar sus derechos. Pensar que un niño es tan capaz como un adulto para definir su propia identidad y para tomar decisiones definitivas sobre su identidad sexual y sobre su cuerpo es hacer caso omiso de la mayor parte de los postulados de la psicología y las neurociencias. La diferencia entre niños y adultos no solo se debe a un asunto de roles sociales o de cultura, sino también, y en parte importante, a la biología. Desde hace ya varias décadas se sabe que existen estructuras cerebrales implicadas fuertemente en la toma de decisiones, tales como la corteza frontal, que solo alcanzan su madurez durante la edad adulta (véanse Yakovlev&Lecours, 1967; Huttenlocher, 1979). De ahí que casi la totalidad de los especialistas reconozcan la importancia de la educación afectiva de los niños, porque en todo sentido -física, neuronal, psicológica, social y afectivamente- no han alcanzado aún su forma definitiva, sino que se encuentran en pleno proceso de maduración.

Así como no se convoca a los niños a las urnas, ni se delega su voto a los padres, porque se presume razonablemente que no cuentan con la madurez suficiente para escoger bien, así también debe presumirse que los niños no tienen la madurez suficiente para determinar cuál es la identidad sexual o de género que les acompañará toda la vida.

Actualmente, las investigaciones indican que alrededor del 80% de los niños diagnosticados con disforia de género se identificarán en la adultez con su sexo biológico (DSM V, 2014). En otras palabras, esto significa que la mayor parte de los niños trans dejarán de ser trans en la adultez.

El día de mañana, muchos adultos que en su niñez fueron trans -y que, debido a eso, se les cambió el nombre y fueron operados-, pero que posteriormente terminaron identificándose con su sexo biológico, nos reprocharán que pasamos por encima de su libertad. Reprocharán a los psicólogos que se apresuraron en decir: "hay que hacer transición". Reprocharán a los médicos que los operaron sin haber atendido a las investigaciones científicas, las cuales afirman que la evidencia sobre la mejoría psicosocial derivada de las intervenciones médicas en pacientes trans "es de muy baja calidad" (Murad et al., 2010). Reprocharán también a nuestros legisladores y les dirán: "Ustedes no permitieron que votáramos antes de los 18 años, y sin embargo permitieron que a una edad tan temprana de nuestras vidas se tomaran decisiones sobre nuestra identidad y nuestros cuerpos que nos marcaron para siempre".

Seguramente no reprocharán a sus padres, porque juzgarán que ellos trataron de hacer lo mejor. Sin embargo, quizás pensarán para sus adentros que si ellos hubiesen optado por esperar, las cosas hoy serían distintas.

No todos, pero sí muchos de ellos, cuando sean adultos, nos reprocharán que ya no tienen la posibilidad de volver el tiempo atrás y cancelar todos los cambios que las hormonas provocaron en el crecimiento de su cuerpo. Nos dirán que, cuando por fin cuentan con la madurez psicobiológica necesaria para tomar decisiones libres y autónomas sobre sus propias vidas, ya no tienen la libertad para decidir sobre su identidad y sexualidad, pues otros ya lo han hecho en su lugar. Y ahí habremos fallado nosotros, los que hoy somos adultos y estamos decidiendo por nuestros niños.

Libertad para los niños trans es permitirles esperar hasta que sean suficientemente maduros para tomar decisiones trascendentales sobre sus propias vidas. Decisiones por las cuales no reprocharán a nadie, pues habrán sido tomadas por ellos mismos. No por terceros.

Juan Pablo Rojas Saffie
Psicólogo

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