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Francia abrió investigaciones contra Apple y Epson por realizar esta práctica:

La obsolescencia programada de algunos productos obliga a los usuarios a comprar informadamente

viernes, 12 de enero de 2018

Alexis Ibarra O.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

La sugerencia es preferir aquellos dispositivos que no estén sellados, sean fáciles de abrir y permitan ser reparados en un servicio técnico a elección del cliente y no solo de la marca.



Para la ley francesa la obsolescencia programada "es un conjunto de técnicas a través de las cuales un fabricante pretende reducir deliberadamente la vida útil de un producto para aumentar la tasa de reemplazo". Una práctica que ese país sanciona desde 2015.

En los últimos días, Francia está investigando a dos empresas tecnológicas por ese motivo: Epson y Apple.

La organización HOP (Alto a la obsolescencia programada) denunció a algunas impresoras del "bloqueo de las impresiones con la excusa de que los cartuchos se habían quedado vacíos cuando aún les queda tinta". Lo misma pasaba con la almohadilla absorbente de tinta, cuyo reemplazo "equivale más o menos al precio de compra de una impresora nueva... el cliente no se siente animado a repararla sino a comprar una impresora nueva", dice la denuncia que apunta a Epson y menciona también a HP, Canon y Brother.

Días después, HOP denunció a Apple luego que la empresa admitiera que los rumores de los usuarios eran ciertos y que, efectivamente, sus antiguos modelos de iPhone se volvían más lentos al actualizar el sistema operativo. Argumentó que se debía a un tema técnico gatillado por el desgaste de la batería.

La empresa se disculpó, creó un plan de recambio de baterías a menor precio y dijo en un comunicado que "nunca hemos, ni haremos, nada que intencionalmente reduzca la viabilidad de un producto o que aminore la experiencia del usuario a fin de llevar a los clientes a comprar productos actualizados".

El 5 de enero, la justicia francesa abrió una investigación contra Apple tras la denuncia de HOP, que es respaldada por el testimonio de 2.600 clientes.

"Esta no es una práctica nueva", dice Jorge Gatica, profesor de Ingeniería en la Universidad San Sebastián. "Ya en 1924 los principales fabricantes de ampolletas se pusieron de acuerdo para aumentar los precios y disminuir su vida útil. Todo esto a costa de los consumidores".

Según el académico, para los usuarios es muy difícil detectar una práctica de este tipo, "ya que los sistemas actuales son demasiado complejos. Una buena práctica es hacer una tabla comparativa de las características de un producto antes de comprar, y considerar ahí su duración y vida útil al analizar sus componentes", dice.

Sitios como iFixit.com, que reúne a una comunidad de personas que reparan sus productos, creó una especie de manual de buenas prácticas. Entre ellas, que los usuarios tienen derecho a reparar ellos mismos sus dispositivos o elegir dónde hacerlo; tener acceso a los manuales y herramientas de diagnóstico y a desbloquear el so ftware en los equipos.

El consejo es preferir aquellos productos que permitan acceder fácilmente a la batería y a otros componentes, que usen tornillos fáciles de sacar, que no estén sellados y que los repuestos se puedan comprar fácilmente.

Y en Chile

Al ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, le "decepciona que algunas empresas hagan esfuerzos en reducir la huella de carbono, pero por otro lado hagan más lentos sus celulares con la finalidad de que los usuarios los renueven".

En Chile, aclara Mena, la ya promulgada Ley de Reciclaje (20.920) no solo fomenta esta práctica, sino que también responsabiliza al fabricante por los desechos que generan sus productos y de asumir el costo de reciclarlos tras su vida útil. Esto podría frenar, en cierta medida, la obsolescencia programada, ya que los fabricantes tienen que asumir los costos de reciclar los productos, como las impresoras, que los usuarios desechen.

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