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Fantasía en un palafito

sábado, 13 de enero de 2018

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, Viviana Morales R.
Patrimonio
El Mercurio

Por años, el destacado arquitecto Edward Rojas ha estado arreglando un centenario palafito en la Playa Tongoy, frente a Castro. El resultado es la recuperación de una fantástica construcción con influencia neoclásica que estuvo a punto de ser derrumbada.



"¿Vienen en 4x4?". Esa es la primera pregunta en tono de advertencia que hace Edward Rojas, Premio Nacional de Arquitectura, cuando comienza a dar las indicaciones para llegar a su palafito en la península de Rilán. Una vez allí, a unos 20 minutos de Castro -al frente, para ser exactos- y después de avanzar por un camino de tierra, queda claro el porqué de la pregunta. La pendiente del camino da dos opciones: entrar hacia la izquierda por lo alto del sitio hacia el palafito o terminar de punta sobre la orilla.

-Se estima que tiene 100 años y es quizás el más antiguo de la isla, de cuando no había caminos, y la gente que venía de Achao cruzaba hasta acá para embarcarse a Castro. Era una suerte de parada para quienes iban y venían -dice Edward, mientras recorre la construcción y va abriendo los postigos. La luz de un día de verano chilote entra sin miedo.

Se enamoró de la casa apenas la vio, hace 23 años. Había llegado por dato, y en bote, a buscar piezas de demolición, porque estaba a punto de caerse y sus dueños ya no le veían destino. "No solo quiero las puertas y ventanas, la quiero entera", les dijo. Y así fue como se embarcó en el proyecto de recuperación para devolverla a la vida y gozarla como un lugar de descanso para él y su familia, asociado con un amigo que también viene con los suyos. El proceso, sin embargo, no fue fácil.

-Tuvimos que refundar el palafito, cambiar todos los poyos, nivelar el piso. También hubo que fumigarlo para eliminar los xilófagos, sacar las paredes para poner aislación. Instalar calefacción central. Tecnificarlo, sin cambiar su estética -explica.

Era muy importante conservar su aspecto y sobre todo devolverle la cubierta original, que se quitó cuando se eliminó la corona y se le puso un techo a dos aguas en los años 70. Por costos, en un principio no se movió el cielo, y se dejó plano; sin embargo, en un momento Edward quitó las tablas y se encontró con un cielo extraordinario con juegos y quiebres que realzaban las habitaciones.

Según cuenta el arquitecto, hay dos zonas: la casa principal, de influencia neoclásica, y una construcción menor conectada por un pasadizo de baja altura, y también revestida en tejuela, que era la antigua cocina-fogón, y donde armó una salita de estar que, al igual que el resto de los ambientes, tiene impreso el sello de la sencillez. "Este fue el primer recinto que acondicionamos", cuenta. Dice también que disfrutan cada habitación, tanto la cocina integrada a un sencillo comedor con bancas calipso, como los estares, los dormitorios, y la gran terraza mirador que rehicieron, porque también se había perdido. Y desde donde la vista es impresionante.

-A esta playa vienen más de 50 especies de aves a alimentarse del fondo de mar que aparece. Te puedes bañar, mariscar, pescar, salir a caminar a los pueblos cercanos cuando baja la marea. Esto es vivir la fantasía del bordemar -dice.

 

 

 

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