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Relajo sobre el agua

sábado, 13 de enero de 2018

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, Viviana Morales R.
interiorismo
El Mercurio

Sizigia es el término con que se llama a la marea más alta de cada mes, pero también es el nombre de este nuevo hotel ubicado en uno de los antiguos palafitos de Pedro Montt. Con una decoración muy tranquila, invita al descanso y a la contemplación del paisaje.



Es un regalo extra. Una postal que no buscó, pero que le suma encanto al nuevo Hotel Sizigia, de la diseñadora y fotógrafa Tali Santibáñez. El gran bote abandonado en la caleta, con sus desgastados rojo y naranja es el telón de fondo perfecto para quienes acuden a tomar desayuno en la vidriada cafetería del lugar. "Lo lindo de este palafito es que no tenía vecinos hacia ese lado, entonces ganamos la vista al costado con un ventanal extra", dice Tali.

Ubicado en los palafitos de Pedro Montt, es un encantador hotel que nació como un proyecto de rescate patrimonial, sin tener claro su destino. Tali, dedicada mayormente a la producción de libros, estaba recopilando información para una publicación de casas antiguas de Chiloé, "en peligro de extinción", cuando llegó a esta, habitada por un hombre ya mayor y uno de sus hijos. Después de tomarle fotos le preguntó si lo vendía y la respuesta afirmativa la tenía al poco tiempo sumergida en una cirugía mayor dada la edad del palafito: tiene casi 90 años.

La idea de hacer un hotel boutique implicaba cambios radicales, pero siempre con la perspectiva de mantener la tan característica fachada con tejuelas de alerce. "Hubo un momento en que teníamos en pie la pura fachada firmemente sostenida, pero era pleno invierno y llovía y había viento. Yo pensaba que en cualquier momento se podía caer, pero resistió muy bien", cuenta.

El hotel (www.sizigia.cl) cuenta con 8 habitaciones distribuidas en el segundo piso y un tercero que adicionó, con la ayuda de su marido, quien es constructor. Asimismo, agregó un nuevo módulo desplazado que permite mayor espacialidad en las áreas comunes, ubicadas en el primer nivel, donde además de la recepción y cafetería, armó un estar, y una tienda donde ofrece artesanías y productos locales. Enamorada de Chiloé -por años recorrió sus islas en kayak-, tenía claro que debía tener una esencia local, de ahí la calidez que logró en el interior a base de texturas como lanas, fibras, madera.

Uno de los elementos más atractivos un gran árbol que ubicó en el living. Un tronco de arrayán seco que consiguió en el cerro donde vive y que trajo en un camión justo antes de ubicar los vidrios. "Me encanta la decoración, y yo misma diseñé cada espacio. El año pasado me fui a Santiago a comprar las cosas; quería que fuera una mezcla perfecta entre lo antiguo y lo moderno", dice. Por eso es que a las mesas rústicas del estar, hechas con troncos apilados, se suman los sillones de líneas simples y las sillas normandas de la cafetería, pintadas de blanco.

Las habitaciones son minimalistas, pensadas para la desconexión total, con paredes y pisos de mañío y percheros realizados con piedras de Cucao que recogieron sus pequeños hijos. El mayor lujo es simplemente el descanso y la increíble vista que desde la cama pareciera invitar a sentirse en plena navegación.

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