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Puro talento chilote

sábado, 13 de enero de 2018

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, Viviana Morales R.
Taller por taller
El Mercurio

José Triviño es uno de los pintores más reconocidos de Chiloé. Oriundo de la isla, y con trabajos donde los paisajes surrealistas invitan a soñar y también a reflexionar, acaba de terminar una obra titánica: el cielo abovedado de la nueva iglesia de Vodudahue en Palena.



No solo su alma involucró José Triviño en la pintura que acaba de terminar en el cielo abovedado de la iglesia de Vodudahue, pequeña localidad en Palena. También su espalda, cuello, riñones. Claro, porque la tarea de pintar torcido no es fácil, menos cuando se trata de una superficie de 17 x 7 m. Fueron dos meses de intenso trabajo, encomendado por la Fundación Alerce 3000 para vestir con arte este nuevo templo -con Edward Rojas como arquitecto director de la obra- que se basa en la tradicional iglesia de Colo. Si bien había hecho murales, nada se compara a lo realizado esta vez, donde en un gran formato muestra su universo de paisajes, animales y personas. "No es un trabajo religioso, pero tiene que ver con algo tan sacro como es la naturaleza; es la idea que tengo yo de un supuesto Dios", dice.

En su taller, cerca de Castro, pinta sus telas en acrílico, y con la tranquilidad que le ofrece la isla. Desde aquí ha saltado al mundo, y literalmente, porque muchas de sus obras han viajado al extranjero a través del boca a boca, porque no tiene página web y es poco lo que participa en exposiciones, ya que, según reconoce, le cuesta contar con trabajos listos. "Hay quienes esperan meses un cuadro; me dan las medidas y listo, pero una sola indicación y no lo hago", dice con la seguridad de quien conoce su talento.

Nacido en Chiloé, partió a Santiago, a fines de los 80, a estudiar Arte en el Pedagógico, pero la capital no alcanzó a deslumbrarlo y volvió convencido, además, de que una sala de clases no era para él. Quería ser pintor. Recurrió a algunas galerías de la zona, también expuso en el MAM y el año 2000 ganó el concurso nacional de pintura "El color del sur." "Eso ayudó a visibilizarme y partir. Los primeros años fueron difíciles y me cuestioné vivir como pintor, ya sea en Chiloé o en cualquier parte. Después, todo mejoró", dice. Hoy, la belleza de sus paisajes y su mundo onírico atrapan a quien los mire, aunque advierte: "Me interesa que sean bonitos; pero también se pueden decir cosas feas con imágenes bonitas. Hay que mirarlos bien. Hay un mensaje ahí".

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