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El emprendimiento en Chile y la posverdad

martes, 09 de enero de 2018

Economía y Negocios


Oliver Flogel
General Partner de Scale Capital

En diciembre de 2017, la RAE incluyó el término “posverdad” en la última actualización del Diccionario de la Lengua Española y ya en 2016, el Diccionario Inglés de Oxford lo catalogó como “la palabra del año”, aun cuando es un concepto que se conoce desde hace bastante tiempo. Según la definición que le entregó el de habla hispana, posverdad es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

En nuestros días y en un mundo tan globalizado, una noticia con todas las características de ser posverdad, se demora segundos en ser compartida y el resultado, es mucho más -y mejor- que el esperado.

Hace unas semanas, apareció en las redes sociales y en los medios de comunicación, la noticia de que Chile encabeza el ranking con la mayor tasa de emprendedores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y se desató la fiesta.

De acuerdo con los datos recogidos el estudio “The Missing Entrepreneurs - Policies for Inclusive Entrepreneurship”, medía dos parámetros. En primer lugar, la cantidad de personas que han creado una empresa, pero que no están generando ingresos, en donde en Chile promedió un 16,1% de los países miembros de OCDE.

En segundo lugar, se midió la cantidad de emprendedores con empresas que tengan una antigüedad entre los tres y 42 meses y en ese ítem específico, nuestro país alcanzó un promedio de 9,1%.

Las cifras y el ranking se viralizaron con la misma rapidez que si hubiésemos ganado la copa de Rusia 2018. La champaña se empezó a destapar y comenzó el festival de “palmaditas” en la espalda, ‘felicitándonos’ por una noticia que realmente, de buena no tenía nada y por lo demás, a Rusia sólo podríamos ir a pasear, porque el mundial habrá que verlo por TV.

La interpretación que se ha hecho de este ranking, sólo viene a confirmar lo que desde hace mucho rato se dice de nuestro ecosistema de emprendimiento e innovación: Que es más luces y flashes, que ejemplos concretos de buenos negocios. Que la masa crítica de emprendedores crece a tasas casi tan altas como en Facebook crecen la fakenews, sobre lo plana que es la tierra.

Cuando a Chile se le compara en cualquier ranking OCDE, da un poco de susto. Ahí están las grandes ligas, los mejores jugadores y la mayoría de las veces, aparecemos mencionados en lugares que no son para sentirnos orgullosos y esto sólo incrementa el bullying hacia nosotros mismos.

Esta parecía la oportunidad correcta para ir, sacar pecho y decirnos que por fin ganamos o lideramos algún indicador de este ranking y casi pedir feriado nacional por el día del emprendedor, pero nos equivocamos rotundamente.

Los indicadores son muy concretos. En simple, lideramos el famoso ranking de la OCDE porque aumentó el autoempleo y el emprendimiento por necesidad, con lo que eso significa. Quizás ahí está la respuesta al crecimiento exponencial de plataformas como Uber y Cabify o en un extremo, quien decidió, por ejemplo, dedicarse a fabricar y vender empanadas porque no logró emplearse formalmente.

No nos engañemos, esa cifra nos muestra que existe una alta tasa de emprendimiento precario que no llegará a buen puerto y por lo tanto seguirá necesitando de un importante apoyo de políticas públicas de fomento.

Debemos dejar de engañarnos a nosotros mismos con esa loca carrera por ganar algo lo que sea y cómo sea. Que estamos cerca de tener unicornios, centauros o little pony. Que un chileno es dueño de la Luna… todo eso, nos hace mal, muy mal. Perdemos el norte y terminamos festinando datos que no son correctos, porque al ojo y análisis de los expertos, el famoso gráfico OCDE, sólo viene a confirmar que estamos obnubilados por las luces y los premios. De los emprendedores sociales que se ganan todos los premios, pero que facturan cero pesos.

Es preocupante que nuestro modelo de innovación se siga sosteniendo bajo la premisa de un éxito súper volátil y que cualquiera que levante un poquito de análisis, sume y reste un par de números para dejarnos en evidencia.

Es imperativo que nuestro ecosistema se sustente en un modelo que fomente la calidad y no la cantidad de los emprendedores, que sean capaces de armar proyectos a largo plazo y ojalá tengan impacto y se transformen en buen negocio.

Es verdad. Hemos avanzado un montón, pero no debemos dormirnos en los laureles ni festinar de un éxito que no es real. Es hora de trabajar a conciencia y dejar bien claro que un ecosistema robusto, que potencia la alianza público privada, es el camino que debemos recorrer pero convertirnos en país creador de emprendedores de impacto.

Al apuntar hacia el ecosistema, es porque creo que es el rol de todos los actores deben asumir es el de actuar en grande (llevemos las ideas a la acción). Tenemos un ecosistema que es reconocido a nivel global, pero aún nos falta para que ese reconocimiento sea por el impacto real que generamos.

Se ha hecho bien desde el Estado, pero ese es el “desde”. Se debe profundizar el trabajo que se ha realizado e incentivar a que cada vez más los privados se sumen a potenciar a los buenos emprendedores. Esa es la oportunidad que tendrá el gobierno que asume el próximo 11 de marzo, con una mirada estratégica sobre el emprendimiento, que es y será unos de los pilares económicos del nuevo Chile que queremos construir.

Más de alguien podrá pensar que esto es ser chaquetero y para demostrarle lo contrario, le dejo un botón de muestra: Hace unas semanas, Elon Musk, un emprendedor serial -de esos de verdad-, realizó una misteriosa visita al país. “Viene por el litio” dijeron algunos o “viene por negocios” y varias teorías que dieron vuelta en esos días. Finalmente, parece que Musk vino por algo mucho más terrenal… tiempo de ocio, vacaciones breves, llámele como prefiera.

No dejemos que los emprendedores mueran tan fácilmente como mueren las noticias falsas. La posverdad nos juega malas pasadas, pero tenemos la oportunidad de aportar al cambio de ese paradigma y haciendo las cosas bien, podemos incluso aportar a fortalecer el modelo económico del país, dejando los halagos atrás y enfocándonos en lo que realmente aporta valor y genera buenos negocios.

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