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La obra más personal de Roberto Farías

viernes, 13 de octubre de 2017

M.A.
Reportaje
El Mercurio

"Puchimbol" se llama el montaje -que se estrena el 20 de octubre en Mori Bellavista- en que el destacado actor nacional, además de haber escrito el texto, se sube al escenario para narrar algunos pasajes de su propia vida. Aquí cuenta por qué llamó al ex director del Teatro Nacional Raúl Osorio -abuelo de su hija- para dirigirlo; responde a las críticas de quienes creen que siempre hace el mismo tipo de papel y cuenta por qué decidió cerrar sus redes sociales: "Te pueden hacer bolsa por cualquier cosa que hayas dicho".



-Es demasiado pretencioso -dice Roberto Farías cuando en la conversación salta la pregunta de por qué en "Puchimbol", obra que escribió, produjo y protagoniza, y que estrenará el 20 de octubre en Mori Bellavista, no eligió también dirigirse a sí mismo y hacer la jugada completa.

-En cine, quizás, podría hacer algo así, porque uno se va viendo. Pude haber llamado a un director más joven o a alguien contemporáneo mío, como Guillermo Calderón o Pablo Larraín, pero sentí, por intuición, que con un texto como este Raúl podría ayudarme -dice el actor en uno de los patios de la Universidad La República, donde ensaya bajo las órdenes de Raúl Osorio, ex director del Teatro Nacional -que tuvo una polémica salida, con críticas a su gestión- y que con "Puchimbol" vuelve a dirigir.

Roberto Farías, quien trabajó con Guillermo Calderón en la obra "Clase", de 2009, y con Pablo Larraín en "Acceso", de 2014, eligió a Raúl Osorio porque los une un doble vínculo, laboral y familiar: han trabajado juntos en cinco obras y, además, Raúl es el padre de la actriz Camila Osorio Ghigliotto, con quien Roberto tiene una hija llamada Rebeca.

-Tengo una conexión espiritual con él, es el abuelo de mi hija. Además, venía saliendo del Teatro Nacional y para mí era muy importante que dirigiera algo independiente. Es un gran director, hizo muchas cosas interesantes y tengo admiración por él -cuenta el actor.

Ahora, con Raúl Osorio, tienen una triple conexión, porque "Puchimbol", un monólogo de una hora y cuarto en el que Roberto Farías interpreta a varios personajes en una especie de viaje emocional por la comedia, el drama y el horror, tiene mucho de su vida. De hecho, varias de las historias están inspiradas en su infancia y adultez, y otras, son parte de una crítica que el actor hace a un sistema social que convierte a las personas en puchimboles, que reciben y reciben golpes sin nunca dar uno de vuelta.

Una idea que Roberto Farías comenzó a escribir a comienzos de este año, y a la que Raúl Osorio ayudó a dar forma para que el texto no sonara como una suma de denuncias, sino como un monólogo con el que todos pudieran identificarse.

-Sería tan fome denunciar cosas -explica Roberto Farías-. Mejor uno se amarra a La Moneda con una pancarta. (En el texto) hay harta poesía y una cosa descarnada que sale del corazón, porque tampoco tengo tantos referentes, ni estudios dramatúrgicos: soy súper libre y escribo lo que siento. Hay una película que se llama "Tierra de policías", donde Sylvester Stallone quiere acabar con la corrupción, ir directo a enjuiciar a los h.....es, y Ray Liotta le dice que no, que tiene que zigzaguear, porque cuando vas directo te pones panfletario, obvio, rabioso. Cuando comencé a escribir fue súper concreto y directo, pero después empecé a disfrazar un poco más, porque como tengo una percepción muy particular de las cosas que suceden, las puedo llevar con mucho humor o mucha rabia, y tengo la libertad, y la luz, de no ser evidente.

No es la primera vez que escribe. Ha realizado los guiones de las tres películas que ha dirigido -"Quiero entrar", "Bareta" y "Perkin"- y "Acceso", el aplaudido monólogo sobre un vendedor de micro que encarna la desigualdad social -que luego dio pie al personaje de Sandokán en el filme "El Club"- lo escribió en conjunto con Pablo Larraín. Pero esta es la primera vez que suben al escenario su infancia en Conchalí, el bullying que sufrió en el colegio o el trabajo que durante cuatro años hizo como empleado de un local de fotocopias, antes de que -como ha contado en otras entrevistas- Gustavo Meza lo becara para estudiar teatro, a los 25 años, a cambio de que hiciera aseo.

-Cuando escribes algo personal siempre hay que tratar de quemarse, de poner tus miserias. Todos (los personajes) son un poco yo. Si eres capaz de abrirte de esta manera, arriesgarte a contar estas confesiones, de compartir este viaje... No sé cómo lo podía decir, pero (está el valor de) alguien que se arriesga a decir algo que todos han pasado; todos son drogadictos, todos se han equivocado, todos tienen miserias, todos se han mordido la lengua.

-¿Te gustaría que fueran a verla al teatro tus padres?

-No sé... Yo creo que a mi mamá le afectaría mucho.

ACTUAR SIN ALMA. De cada pasada de "Puchimbol", Roberto Farías sale del escenario extenuado. No solo por el trabajo físico que exige la puesta en escena -que incluye múltiples cambios de vestuario-, sino también porque el texto tiene un ritmo vertiginoso, que lo lleva a explorar múltiples facetas. Desde su puesto como director, Raúl Osorio, acompañado de su asistente, Gabriela Robledo, va modulando la intensidad de la actuación de Farías. Y el actor asiente sus indicaciones.

-Los actores, cuando tienen un gran talento, tienen un sistema propio; quizás no saben técnicamente cómo hacer las cosas, pero tienen una inteligencia que no se aprende en la escuela de teatro. Este tipo de talentos no hay que llenarlo de reglas ni presionarlo, sino permitirle que siga su propia naturaleza -dice Raúl Osorio, quien llama a Roberto un performer que se sube al escenario a hablar desde su experiencia.

-A veces me siento así más que otras veces, pero en teatro, sí. Siempre me siento exponiendo cosas personales. Los textos trato de hacerlos personales, no meterme ni siquiera en el espíritu de otro, sino que sea un catalizador para mí, porque si no, no me interesa.

Y por eso, siempre hay algo de Roberto Farías en sus personajes. Incluso en aquellos que ha hecho para la televisión, en teleseries como "Secretos en el jardín" o en la serie "Los archivos del cardenal". Quizás el único rol que ha estado más alejado de su registro fue el de Patricio, un padre de familia que interpretó en la teleserie "Un diablo con ángel", de TVN.

-Pero eso es tele. Es otro lugar. Ese personaje me gustó, era amoroso. Podría haberlo desarrollado más si no me hubieran cortado las alas. En la tele no dirigen bien, pero hay que hacer lo que ellos quieren -dice el actor. Y responde a quienes sienten que siempre está encarnando al mismo personaje:

-Es que si no hay algo tuyo, no tiene alma. Hay actores que no van más allá y no quieren mostrar más porque no les importa, no les interesa, no tienen pasión. Yo no creo ser el ícono de algo, pero hay gente que me tiene respeto y cariño porque tengo un compromiso social, sin proponérmelo ni imaginármelo, porque no soy de los que salen a juntar firmas o que vaya a los comedores sociales, aunque debería hacerlo. Yo vengo del barrio -dice.

Y ha logrado mantenerse en el medio jugando sus reglas del juego; es decir, logrando reconocimiento masivo después de los 35 años (hoy tiene 48), y teniendo que financiar él mismo los proyectos que quiere hacer: en "Puchimbol", eligió personalmente a quien musicalizó la obra -Jorge Martínez- al diseñador integral -Jorge "Chino" González- y al productor, Christian Farías (su sobrino y mano derecha).

-Quise empezar a hacer mi propia gestión teatral para ser libre, para no depender de un productor externo que me diga que no se puede, que se lleve un porcentaje de las lucas y el que trabaja soy yo. Y sería súper bonito que alguien pudiera reparar en el texto, y decir: "Está bueno", y pudiera confiar en encargarme escribir algo -dice el actor, quien recuerda que sus primeros textos comenzó a escribirlos en Facebook. Pero hace un tiempo decidió cerrar sus redes sociales.

-Facebook está muy tóxico. En un momento fue un lugar de expresión, pero ahora está muy violento, y todos opinan (...) Es un espacio de noticias no tradicional y sin filtro, sin censura, pero también se puede convertir en una bolsa de gatitos o en una cueva de serpientes, donde te pueden hacer bolsa por cualquier cosa que hayas dicho. Creo que toda la gente merece respeto, no todos somos homofóbicos, machistas. Y si lo somos, tratamos de mejorarlo.

"Quise empezar a hacer mi propia gestión teatral para ser libre, para no depender de un productor externo que me diga que no se puede". 

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