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Piso Uno De paquete

viernes, 13 de octubre de 2017

POR Esteban Cabezas
Restaurantes
El Mercurio




Hay barrios gastronómicos que nacen de una forma algo artificial -a veces impulsados por algún patrón ingenieril- y otros que crecen a punta de una concentración de talento. A fines del siglo pasado el patio trasero del Dos Caracoles era un triste descampado donde reinaba sin contrapunto el magnífico Rívoli (si no ha ido nunca, se pasa de leso). Hoy están Baco (igualmente leso si no ha ido) y Le Bistrot (ya, hasta cuándo) dentro de la misma gama superior, junto a un muy recomendable café indio (buena colación), un par de sangucherías, una pizzería sobre la media y, hace muy poquito, se acaba de sumar otro más a la categoría de visita obligada: Piso Uno.

Es amplio y luminoso y hasta sorpresivo. De entrada se le nota una vocación más nocturna (con amplia zona para el pucho y se huele que tienen DJ), lo que no se contradice con el tema del comer bien. De carta breve, la influencia entre nipona y peruana cohabita con lo carnívoro. Y, ya muy bien atendidos, vaya el comentario. Primero, un tártaro de atún "hawaian style" ($9.200) que, consultado el mozo, se llama así por la decoración (?!). En fin, no es que hubiera sido servido por una bailarina de hula (OK, chiste fome), pero estaba realmente de lujo, en trozos de corte medio, con tiritas de nori, sésamos negro y del otro, y con un espolvoreo de ichimi togarashi (un condimento picantito japonés). Rodajas de pepino servían de contrapunto. Y lo otro, un fish & tempura ($7.200), bastones de salmón y camote servidos fritos con salsa tártara, con un rebozo que era más propio del chicharrón peruano que el mentado tempura. Bien buenos, pero cámbienle el nombre y listo, que tempura no es. Porque es realmente UNA LATA esto de los bautizos errados.

De fondos, un mix de sushis (Glaciar, $10.600), servidos sobre hielo, vaya. Cortes bien logrados de salmón (lo que no es fácil), cuatro nigiris perfectos y cuatro cortes de roll impecables. Lo que se dice bello e inteligente. Y otro plato igualmente ético y estético (a $11.200): dos brazos de pulpo braseado sobre un puré de yuca majado, con sarza criolla (cebolla pluma alimonada) y sus salsitas al olivo y huancaína.

Después de lo comido, la verdad: aparte de algunos problemas de concepto (como que el "pescado blanco" del día sea... una vez más, en lo que parece un loop eterno del infierno sobre la tierra, reineta), en Piso Uno se cocina muy, pero bien.

A la hora del postre, que no aparecen en la carta, se ofrecieron con poca gana y poca gana dio el probarlos. Con dos cafés bien servidos se cerró la experiencia en este debut en grande.

Santa Magdalena 116, Providencia. 

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