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Seminario a 50 años de la toma del 11 de agosto de 1967:

Cinco miradas al proceso de reforma de la UC

sábado, 12 de agosto de 2017

Juan Antonio Muñoz H.
Nacional
El Mercurio

En un tiempo de gran secularización social, en el que a nivel mundial se producía la emergencia de movimientos juveniles, la toma de la casa de estudios y la reforma consiguiente fueron signos de las transformaciones profundas que se estaban produciendo en el país.



No hay una única posición -aunque sí varios consensos- respecto de lo que comenzó a suceder al interior de la Universidad Católica de Chile, el 11 de agosto de 1967.

Ese fue el día de la toma que inauguró el proceso de reforma exigido por los alumnos de entonces; un proceso que se enmarcó en una situación mundial compleja y en un ambiente nacional, social y político, de grandes transformaciones.

De algunos de esos aspectos dio cuenta ayer el seminario "1967-2017: A 50 años de la Reforma Universitaria", que se realizó en la Casa Central de la UC.

El tono, en general, fue evocador, nostálgico y amistoso; la atmósfera reposada, apta para recordar los días en que la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), bajo el liderazgo del estudiante de medicina Miguel Ángel Solar, pedía cambios como modernización de la enseñanza, recursos para la investigación, nuevos estatutos, democratización de la administración, apertura a la sociedad y la salida del rector, Monseñor Alfredo Silva Santiago, quien estaba desde 1953 en el cargo.

El actual rector de la UC, Ignacio Sánchez, abrió el seminario seguido por Patricio Bernedo, decano de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política. Se contó luego con una entrevista en video a Juan de Dios Vial Correa, rector emérito UC, quien ofreció su punto de vista sobre los protagonistas del momento. Describió al rector Silva Santiago como "un hombre valiente; lo que es algo especial porque Chile no es un país de valientes".

De Fernando Castillo Velasco, rector del proceso de reforma, Vial explicó que íntimamente él consideraba que no tenía grandes condiciones para ser rector, pero que a pesar de eso lo prefería, porque era culto, un profesional de avanzada y "un hombre que defendía sus convicciones y un hombre fuerte".

Siguió con Miguel Ángel Solar, "una de las figuras más notables del momento", afirmó, "muy vehemente, con un cierto descriterio juvenil, pero un hombre que hacía lo que decía y que estaba dispuesto a pelear por ello. Era un hombre recto".

El rector emérito también relató haber escrito, tras el golpe militar de 1973, cartas dirigidas al gobierno para que se permitiera a Solar, exiliado, regresar al país: "Esto me trajo una tirantez con las autoridades de las Fuerzas Armadas. Se dieron cuenta de que yo apoyaba a Solar y se pusieron furiosos".

El jesuita Juan Ochagavía, decano de la Facultad de Teología UC entre 1968 y 1970, se refirió a la importancia que tuvo dentro del proceso de reforma chileno el encuentro realizado en Buga, Colombia, en febrero de 1967, respecto de la misión de las universidades católicas en América Latina.

También destacó los cambios que fueron propiciados -creación de departamentos y centros de estudios, énfasis en la investigación, nacimiento del DUOC, mejoras de sueldos para los profesores, currículum flexible y apertura a las clases más desposeídas, entre otros- y el importante apoyo que el movimiento tuvo de parte del cardenal Raúl Silva Henríquez.

"La toma de la universidad fue una hija de su época", dijo Rafael Echeverría, presidente de la FEUC en 1968, refiriéndose a la emergencia en el mundo de los planteamientos juveniles y de los movimientos sociales. Se definió, a su vez, como un hijo de dos hechos fundamentales: de la toma misma, "de la que fui un protagonista secundario", y de haber vivido el golpe militar al interior de la universidad, "lo que me conectó con la capacidad que tenemos los seres humanos de hacer el mal".

Agradeció el papel jugado por Raúl Silva Henríquez, "quien nos entendió, abrió espacio y confió en nosotros".

"Un centro elaborador de cultura"

José Joaquín Brunner, quien era dirigente de la FEUC en 1967, señaló que la toma significó el fin de un orden y de un régimen académico anticuado, y caracterizó a su generación como "hijos de los años 60". Definió a la UC de entonces como una "universidad anacrónica, un colegio mayor, recoleto, rutinario, de espaldas a los ruidos de la calle, y destacó el documento de Buga que exigía a las universidades católicas ser "una verdadera universidad, un centro elaborador de cultura".

Finalmente, Hernán Larraín, presidente de la FEUC en 1970, distinguió que la fecha 11 de agosto de 1967 "marca los 50 años de la toma de la UC y no de la reforma". "La reforma se gatilla con la toma", subrayó, para ahondar luego en el nacimiento y consolidación del gremialismo, y en el surgimiento de la personalidad de Jaime Guzmán. A su juicio, la reforma fue un proceso que sirvió para producir un despertar, pero que "por su connotación político-ideológica no logró los objetivos académicos que se querían, aunque fue una semilla".

"Monseñor Alfredo Silva Santiago era un hombre valiente; lo que es algo especial porque Chile no es un país de valientes".
JUAN DE DIOS VIAL CORREA, RECTOR EMÉRITO UC

"La UC de entonces era una universidad anacrónica, un colegio mayor, recoleto, rutinario, de espaldas a los ruidos de la calle".
JOSÉ JOAQUÍN BRUNNER, DIRIGENTE DE LA FEUC 1967

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