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Polémicas, quiebres y traiciones:

El club de los vicepresidentes incómodos

sábado, 12 de agosto de 2017

Jean Palou Egoaguirre
Internacional
El Mercurio

A la sombra, aunque siempre presentes, han ocupado titulares por actos de corrupción o por romper con sus jefes, como ha ocurrido recientemente en Ecuador y Uruguay. El caso de Brasil hizo recordar, además, que es una de las vías más expeditas hacia el poder.



"Como Vicepresidente no soy nada... pero podría serlo todo", decía John Adams, el primer hombre en ocupar la Vicepresidencia de EE.UU., quien minimizaba su cargo como "el más insignificante" de todos en la Casa Blanca, aunque poco después se convertiría en el segundo Presidente del país. De modo similar se expresaba Lyndon Johnson, quien, a espaldas de John Kennedy, comentaba: "Me siento como un maldito cuervo revoloteando sobre sus hombros", sin sospechar lo que vendría después.

Tal como en EE.UU., la institución de la vicepresidencia en las repúblicas latinoamericanas también ha tenido mucho de eso -la idea de estar en segundo plano y la ambición secreta, o no, por suceder al jefe-, pero condimentada además por polémicas, intrigas y traiciones con un sello local.

El "enemigo interno"

Actualmente, los quiebres entre presidentes y sus segundos están a la orden del día, tal como lo han demostrado Ecuador y Uruguay.

La semana pasada, el Presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, decretó el fin de las funciones oficiales de su vicepresidente, Jorge Glas, quien ha sido vinculado con el escándalo de corrupción de Odebrecht e irregularidades en un contrato petrolero. Aunque esas acusaciones ya se conocían durante la campaña, ha sido el propio Glas -quien fuera vice del ex Mandatario Rafael Correa- quien ha precipitado la ruptura total, luego de acusar al actual jefe de Estado de haber dado un "giro a la derecha" y de darle la espalda a la llamada "Revolución Ciudadana" iniciada por su antecesor.

"Se está orquestando el retorno del viejo país a través del reparto, del tongo", denunció Glas, quien ha insistido en que pese a no tener funciones, no piensa renunciar a su cargo, del que tendría que ser destituido por el Parlamento.

Este "enemigo interno" en el Ejecutivo ecuatoriano ha planteado dudas sobre qué pasará cuando Moreno deba ausentarse, como cuando en septiembre viaje a la Asamblea General de la ONU y Glas deba reemplazarlo.

En un cruce similar, aunque todavía no tan antagónico, está actualmente Uruguay, luego de que el Mandatario Tabaré Vázquez le quitara el apoyo explícito a su vicepresidente, Raúl Sendic, investigado por mala administración cuando estaba al frente de la petrolera estatal, Ancap.

"Su situación es delicada", reconoció Vázquez, quien explicó que no podía exigir la renuncia de Sendic porque no tenía la potestad constitucional, pero le mostró la puerta de salida: "Si él presenta la renuncia, la estudiaremos", dijo.

En los últimos años se han visto varios casos de quiebres irreconciliables en la región. Uno de los más notorios fue el de la ex Mandataria argentina Cristina Fernández con su segundo, el radical Julio Cobos, quien la "traicionó" luego de votar en contra de uno de sus proyectos más emblemáticos. Nunca más se volvieron a hablar, y la "señora K" lo cambió en su segundo gobierno por Amado Boudou, quien terminó tapado de denuncias judiciales. También está Omar Chehade, segundo vicepresidente del peruano Ollanta Humala, que debió renunciar a los seis meses por acusaciones de tráfico de influencias; poco después dejó clara su animadversión en su libro "La gran usurpación", en el que calificó a su ex jefe como un "Presidente pusilánime dominado por (su esposa) Nadine".

La defensa de PPK

En otra categoría está hoy Martín Vizcarra, primer Vicepresidente de Perú. Aunque cuenta con el respaldo total del Mandatario Pedro Pablo Kuczynski, no deja de ser una figura "incómoda" dentro de su administración, debido a las fuertes presiones de la oposición fujimorista para que renuncie.

Vizcarra ya debió dimitir a su cargo como ministro de Transportes y Comunicaciones, cuando era inevitable que fuera censurado por el Congreso por un escándalo en la adjudicación del contrato para construir el aeropuerto de Chinchero, en Cuzco.

Sin embargo, "PPK" -quien ha dicho que por su avanzada edad tiene como "póliza de seguro a Martincito"- no tiene ninguna intención de ceder: "Vizcarra seguirá como vicepresidente hasta que yo me muera", ha dicho, y esta semana admitió que podría designarlo como embajador en Canadá, lejos de la siempre tensa política local. "Hay un Air Canada que vuela todas las noches (a Lima) y está aquí en siete horas", lo defendió Kuczynski.

¿Puñal en la espalda?

Los vicepresidentes, tal como insinuaran Adams y Johnson, no se justificarían sin la posibilidad real de que lleguen al más alto cargo del país. Y en América Latina hay un par de ejemplos recientes que lo comprueban, aunque con atajos no exentos de polémicas.

En la crisis política de 2012 en Paraguay, el entonces Vicepresidente Federico Franco, de centroderecha, se sumó de un día a otro a las fuerzas del Congreso que en un juicio político "exprés" decidieron la destitución del Presidente izquierdista Fernando Lugo "por mal desempeño de sus funciones". Y terminó completando su mandato hasta 2013.

Ese mismo paso dio en Brasil el Vicepresidente Michel Temer, del centrista PMDB, quien fue fundamental para impulsar el año pasado el impeachment contra Dilma Rousseff, del izquierdista PT. Pese a que hasta entonces era considerado un funcionario "decorativo" sin brillo propio, lució su cintura política -otros dirían oportunismo- para desmarcarse en el momento justo de la Mandataria y convertirse de un día en otro en su principal rival. Ahora lidera su gobierno, hasta fines de 2018.

Una vía diferente, a través de las urnas, decidió en Colombia el Vicepresidente Germán Vargas Lleras, quien en marzo pasado renunció a su cargo para lanzar su candidatura al Palacio de Nariño, rompiendo su alianza con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Los "leales"

Sea dicho que, como en todo, hay excepciones, y en la actual planilla de vicepresidentes en la región también hay nombres que destacan por su incondicionalidad al proyecto de sus jefes.

Ese es probablemente el caso de Gabriela Michetti, vicepresidenta de Mauricio Macri en Argentina, quien ha cultivado un bajo perfil, evita las controversias y ha mantenido a raya sus propias ansias.

Quien también ha mostrado una lealtad a toda prueba ha sido el Vicepresidente boliviano, el influyente Álvaro García Linera. Pese a que se especuló mucho con que su respaldo a Evo Morales en 2006 era solo una escala para su propia coronación, lo ha acompañado como compañero de fórmula en sus tres mandatos, y la semana pasada planteó que no era suficiente, y que el Mandatario debería postular a un cuarto periodo, hasta 2025. "La continuidad de la estabilidad económica y política, desde mi punto de vista, se concentra en la fortaleza política de una persona con mucho carisma y con mucho conocimiento y mando social", dijo, descartando toda ambición personal... por ahora.

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