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Emblema de modernidad

sábado, 12 de agosto de 2017

Texto, Jimena Silva Cubillos. Fotografías, Viviana Morales R.
Anticuario
El Mercurio

51 años después de que se construyera el Instituto Nacional, finaliza la última etapa del proyecto original de este edificio que, concebido por el arquitecto José Llambías, contemplaba un centro de extensión. Intervenido por HVH Arquitectura y Lateral Arquitectura, tiene 6.959 m2, distribuidos en cinco niveles.



Un aula magna con capacidad para 800 personas, un teatro de cámara para 200 asistentes, dos recintos de exposiciones, dos salas de proyecciones con 134 butacas, dos de ensayo, además de espacios de carácter privado como camarines, bodegas de instrumentos y servicios, son parte del programa del nuevo Centro de Extensión del Instituto Nacional (CeIN). Ubicado en el mismo terreno de este colegio fundado en 1813, el espacio de 6.959 m2 -gran parte de ellos subterráneos- sigue a la espera de una pronta inauguración, luego de permanecer 51 años abandonado, por lo cual era conocido por los alumnos como las catacumbas. Su construcción comenzó en 1963 y se detuvo en 1969, por problemas de financiamiento, quedando en obra gruesa.

Recién arrancaba la década de los 60 cuando un incendio afectó  las instalaciones del colegio, una casa de aspecto colonial que acogió a generaciones de institutanos a partir de 1850, año en que dejó su sede de Catedral. Entonces surgió la idea de levantar otro edificio en la manzana que forman las calles Arturo Prat, Alonso de Ovalle, San Diego y el pasaje Juan N. Espejo.

-Hacía poco había sido el terremoto del 60 y estaba organizándose el Mundial de Fútbol del 62; el proyecto del nuevo Instituto Nacional estuvo a punto de fracasar, porque los recursos debían destinarse a recuperar el país. Sin embargo, Jorge Alessandri Rodríguez logró levantar fondos del Congreso para su construcción. Tras convocar a un concurso público, resultó ganadora la propuesta de José Llambías, arquitecto modernista que, entre otras obras, diseñó la sede social de la Unión Española -demolida en 2010- y el gimnasio techado de Talcahuano La Tortuga -recuerdan Hernán Vergara y Sebastián Baraona, quienes junto con Christian Yutronic desarrollaron el CeIN.

Según explican los arquitectos -invitados a ser parte del proyecto por la constructora Tasco Boetsch-, esto era una gran caja de hormigón a la vista, sin terminar y en situación de abandono. La suya es una obra nueva realizada en el contexto de un marco existente; el ejercicio fue llenar esa gran caja, respetar su estructura, superficies, texturas y expresión brutalista.

-No quisimos pasar por encima de 50 años de historia; ni olvidarnos de las catacumbas. Decidimos descubrir la magnitud espacial del edificio, semioculta entre escombros y grafitis. Limpiamos y mantuvimos los hormigones antiguos a la vista, con su moldaje de tablas original, y estucamos o pintamos los hormigones nuevos, articulando el diálogo entre el pasado y el presente -comenta Hernán Vergara, de HVH Arquitectura. Sebastián Baraona, de LATERAL Arquitectura, agrega: "Como premisa arquitectónica, no quisimos terminar la obra de Llambías, porque no somos los llamados a darle un final, pero sí dejarla habitable, ponerla en valor, sacarla del olvido".



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