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Eliminar ciclovías, subir límites de velocidad, reducir filas en hospitales y borrar grafitis está entre sus iniciativas.

João Doria, el alcalde que va contra la corriente para hacer un São Paulo más ágil y limpio

sábado, 17 de junio de 2017

Amanda Marton Ramaciotti
Internacional
El Mercurio




Para João Doria no hay términos intermedios. Al menos así describen en Brasil a este publicista, periodista, rostro de televisión y heredero de una fortuna que data del siglo XIX, que como alcalde gobierna desde hace seis meses São Paulo, una megaurbe de más de 12 millones de personas.

Sus políticas son tan alabadas como criticadas, pero a nadie dejan indiferente. Si en materia de agilizar el acceso a la salud de las personas puede estar a la vanguardia de la administración, se lo considera un retrógrado cuando empieza a eliminar ciclovías exclusivas y devuelve las calles a los automovilistas.

Acá algunas de las medidas que ya dan visibilidad nacional a este dirigente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en medio de una crisis generalizada de liderazgo y con elecciones presidenciales a la vista en 2018.

Filas y conexión

Desde que asumió la alcadía el 1 de enero, Doria ha gastado seis millones de dólares para lograr que los hospitales realicen 342.741 exámenes médicos con el fin de reducir a cero la lista de espera de personas que aguardaban ser atendidas. Un 20% de las consultas ya se llevaron a cabo en hospitales privados, y 80% en hospitales públicos. Esto lo consiguió al convencer que los recintos extendieran el período para la toma de exámenes desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada

Su política educacional también ha sido innovadora. Consiguió computadores para las escuelas, por medio de donaciones de empresas de tecnología, y dio inicio al proyecto de conexión a 100 megas de internet en todos los colegios de la ciudad.

La batalla del color

Doria ha declarado la guerra a los grafiteros y a los llamados pichadores -quienes pintan símbolos en los muros para marcar territorio, generalmente con aerosol negro. Al poner en marcha el programa "Ciudad Linda" el pasado 14 de enero, el alcalde con sus propias manos y vestido con un overol, pintó de gris el mural más largo de América Latina, de 5,3 kilómetros de extensión.

Muchos paulistas vieron la acción de Doria como un intento simbólico para borrar el legado de su predecesor Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, quien había encargado el grafiti a los más reconocidos artistas callejeros de São Paulo; entre ellos, Os Gêmeos y Kobra. "El grafiti es la más pura y espontánea expresión humana, y la iniciativa del alcalde fue una verdadera caza de brujas", dijo a "El Mercurio", Agnes Cavalheiro, de la Escuela de Belas Artes de São Paulo.

Los muros recién pintados por Doria amanecieron al día siguiente llenos de rayas. Uno de los escritos dice "Doria, você está despedido" (estás dimitido), una alusión a la versión brasileña del programa "El Aprendiz", del cual fue conductor por años.

Tras meses de mano dura en los que se detuvo a más de 125 pichadores , el pasado 28 de mayo, Doria volvió a tener un lata de aerosol en la mano, esta vez del color rojo. Con él pintó un enorme corazón en una pared en la zona norte de São Paulo. Estaba, así, inaugurando el Museo de Arte Callejero Paulistano. "Yo debería haber evaluado mejor cómo hacer el programa Ciudad Linda", admitió.

Dueños de las calles

Una ciclista se acerca al auto blindado en el que va Doria. Golpea la ventana de pasajeros y le entrega dos flores amarillas. "En homenaje a los muertos en las marginais ", dice. El alcalde tira las margaritas al suelo.

Las marginais son las calles ribereñas de los ríos Tietê y Pinheiros, que atraviesan la ciudad. Al día, alrededor de 1,2 millones de autos pasan por ahí.

En 2015, Haddad redujo el límite de velocidades máximas en esas vías y, un año después de la medida, el número de accidentes con muertos y/o heridos cayó un 37,5% según la Compañía de Ingeniería de Tráfico (CET).

La iniciativa del entonces alcalde, aunque avalada por expertos en transporte y seguridad pública, fue duramente criticada por varios conductores, ya que esas rutas suelen ser las más rápidas en una ciudad donde el taco puede llegar a cientos de kilómetros. Durante su campaña electoral del año pasado, Doria prometió volver a aumentar el límite de velocidad en las vías. Y lo cumplió.

Las velocidades máximas fueron reajustadas de 70 km/h a 90 km/h en la vía exprés; de 60 km/h a 70 km/h en la pista central y de 50 km/h a 60 km/h en la vía local, donde transitan peatones y ciclistas. De acuerdo con la CET, hubo un incremento de 30% en los accidentes desde que se llevó a cabo el aumento y 11 personas murieron.

Doria también se enfrenta a quienes critican su postura hacia las ciclovías. Al contrario de su antecesor -quien hizo de la construcción de estas una marca de su gestión y llegó a ser calificado como "visionario en políticas urbanas" por The Wall Street Journal-, el actual alcalde se opone a los espacios delimitados exclusivamente para ciclistas.

Doria defiende la creación de "ciclorrutas", donde las bicicletas comparten el espacio de las calles con los autos y motocicletas. El alcalde considera que las ciclovías exclusivas y delimitadas con obstáculos crean más taco, al disminuir el espacio disponible en la calle para los automovilistas, y asegura que las ciclorrutas son mucho más baratas. El director de la ONG Ciclocidade, Daniel Guth, criticó la medida: "Quitando la segregación del espacio para las bicicletas, la alcaldía expone las personas a los autos".

Cracolândia

"Intentamos internar a mi prima mil veces y algunas lo logramos", cuenta a "El Mercurio" Jefferson de Oliveira. "Pero ella reincidía una y otra vez en el consumo de crack. Hasta que se fue de la casa, dejó a sus hijos con nosotros... Pasamos mucho tiempo sin verla, y un día, paseando por el centro de la ciudad, la vimos ahí, en la Cracolândia".

Ese barrio marginal, conocido como "la tierra del crack" es la sede de un mercado ilegal de cerca de 30 puestos de lona en el que se comercializan drogas con total libertad. Al igual que la prima de Jefferson, se estima que dos mil personas viven ahí. O, hasta la última semana de mayo, vivían en Cracolândia.

Doria ingresó al sector acompañado de 500 policías militares que detuvieron a unas 40 personas por tráfico de drogas. Tiendas que presuntamente servían de espacio para el narcotráfico fueron cerradas y los consumidores de crack fueron desalojados. Según Doria, "Cracolândia ya no existe y ya no regresará. El gobierno no lo permitirá".

El alcalde también solicitó con urgencia a la justicia un permiso para internar por la fuerza a los adictos. Para João Paulo Lian, psiquiatra de la Universidad de Santo Amaro, la medida de Doria va de la mano del código penal brasileño, que atribuye como "crimen de omisión de socorro" la no asistencia a personas inválidas o heridas, desamparadas y en grave e inminente peligro. "No es aceptable que desde hace varios años miles de ciudadanos vean personas en riesgo de vida en la Cracolândia y no hagan nada los usuarios de crack deben ser detenidos y sometidos a exámenes médicos sí".

Gracias a todas esas iniciativas, el nombre de Doria ya empieza a sonar fuerte para las elecciones presidenciales del próximo año. Y es de los pocos políticos prominentes que puede decir que no está bajo la lupa de la mega investigación Lava Jato contra la corrupción Aunque tiene un largo camino por recorrer, en São Paulo ya dejó en evidencia que no será cualquier alcalde. Tiene sus batallas muy claras. Hay que ver si las gana.

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