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La obra de Da Vinci está en peligro:

Nuevos aires para impedir el deterioro de "La última cena"

viernes, 21 de abril de 2017

Agencias
Cultura
El Mercurio

Un proyecto de climatización más potente evitará que se acumule polvo sobre la superficie de esta obra maestra, pintada al fresco hace 500 años.



Ya lleva más de 500 años en exhibición -superando restauraciones de mejor o peor calidad y hasta las bombas de la Segunda Guerra Mundial- y se espera que en los próximos cinco siglos siga ofreciendo su magnífica composición sobre un hecho bíblico fundamental. Ese es, al menos, el objetivo del proyecto que se acaba de anunciar en Italia para dotar de un nuevo sistema de climatización al refectorio del convento de Santa María delle Grazie, donde se encuentra "La útima cena", el fresco pintado en 1498 por Leonardo da Vinci, en Milán.

Financiado por el Ministerio de Bienes Culturales de Italia con 1.200.000 euros (1,28 millones de dólares) más el aporte de otro millón de euros de la famosa tienda de productos italianos Eataly, el proyecto lleva el sugestivo título de "Una cena así no te la puedes perder". Este prevé proteger el fresco "que cada día sufre una lenta degradación", sobre todo por las partículas de polvo que se depositan en las paredes, proceso que lo acentúan las 1.320 visitas diarias que recibe el lugar, las que al año suman unas 400.000 personas. Con el nuevo sistema se podrá emitir 10.000 metros cúbicos de aire limpio en el refectorio con respecto a los 3.500 actuales.

La instalación del nuevo sistema en el también llamado "Cenáculo" concluirá en 2019, año en que se conmemorará el 500 aniversario de la muerte Da Vinci.

El ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini, aplaudió la colaboración entre los sectores público y privado. "A través de la innovación consentiremos a más visitantes poder ver el maravilloso Cenáculo de Leonardo", agregó.

La difícil humedad

La obra es muy frágil porque el artista renacentista trató el muro con dos capas de la base que se usaba para pintar sobre madera y trabajó "en seco". Él ignoró que bajo el convento pasaba un río que creaba humedad en las paredes, por lo que, poco a poco se fue absorbiendo la pintura de su obra.

Los primeros problemas por la pérdida de color surgieron apenas 10 años después de que la terminó. La última restauración se realizó en 1999 y consistió en retirar capas de pintura previas para sacar a la luz lo que quedaba de la obra original.

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