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La liberación de Marcelo Alonso:

"Me he ido frivolizando con el tiempo"

viernes, 21 de abril de 2017

Por Magdalena Andrade N.
Crónica portada
El Mercurio

No sabe si es la edad, o las experiencias que ha vivido en el último año -hacer una obra de teatro para niños, tener su primer papel protagónico en TV, en "El camionero"-: lo cierto es que este actor, asociado al teatro serio y a una imagen rígida, se está dando permiso para alivianar la carga: se unió a las redes sociales y hasta pasó por la alfombra roja de la gala del Festival de Viña. A pocos días de estrenar la obra "El padre", que dirige, confiesa: "Uno cuando es joven se toma todo demasiado en serio".



Marcelo Alonso está sentado en una de las bancas afuera del Teatro UC, donde por estos días ensaya la obra "El padre", en la que dirige a su mujer, Amparo Noguera, y a su suegro, Héctor Noguera. Está intentando que le abran la puerta para entrar unas sillas que va a usar en el montaje, cuando por su lado pasa una mujer que lo ve y le dice a su acompañante, una joven con síndrome de Down: "Mira, mira, el Camionero. Anda a saludarlo".

-La gente se acerca mucho. Antes decían: mira, ahí va el actor de la tele. Ahora por primera vez aparecí en sus cabezas como un nombre -contará Marcelo Alonso más tarde, cuando reflexione sobre cómo cambió su vida después de encarnar en la teleserie de TVN "El camionero", que terminó en marzo pasado, a Antonio Flores, un conductor de camiones que terminó conquistando a la paisajista Ema Kaulen (María Elena Swett).

-Y eso, que la gente se te acerque, ¿te agrada?

-Honestamente, no tengo opinión sobre eso, porque son cosas que ocurren. Son un subproducto del trabajo. Yo hago el mismo trabajo en la tele que en el teatro, pero con una obra cruzo la calle y nadie se acerca. Lo hacen después de la función, o te mandan un mensaje interno por Instagram o Twitter. La tele tiene el subproducto de la calle inmediata y eso no me excita, no me provoca un gozo especial. Si tuviera 25, quizás -dice.

Lo que a sus 48 años Marcelo Alonso Claro no reniega es que "El camionero" marcó un antes y un después en su carrera en TV. No solo porque se convirtió en su primer protagónico desde su llegada a TVN, en 2004, a la teleserie "Los Pincheira". También, porque es el primer papel de "bueno" que interpreta en telenovelas. Y lo hizo con éxito: "El camionero" le hizo competencia en rating a "Ámbar", la teleserie de Mega, y el actor apareció entre los mejor valorados por la audiencia en la última encuesta de rostros de GFK-Adimark, publicada el año pasado por Wikén.

-Jugué de antagonista en los elencos muchos años. De alguna manera yo lo proponía actoralmente. Son los papeles más entretenidos, hay más cambios, más estrategias, dimensiones. Más cosas -dice-. Pero el papel de protagonista también es bonito, porque tiene más contacto con la simpleza. Y traté de abordarlo así, súper simple.

Cuenta que lo pasó muy bien haciendo la teleserie. Que trabajar en tantas escenas con una niña de seis años (Magdalena Urra, que encarnaba a su hija Amparito) le hizo adaptar su estilo de actuación, hacerlo más natural, más verdadero, porque tenía que acomodarse a la realidad de su compañera.

Lo cierto es que, fuera del set, la imagen de Marcelo Alonso también cambió: comenzó a usar su cuenta de Instagram y de Twitter para promocionar la teleserie. En teatro, se atrevió a hacer junto a Amparo Noguera una obra dirigida a público infantil, "El corazón del gigante egoísta". En febrero desfiló por la alfombra roja de la gala del Festival de Viña junto a María Elena Swett. Y ahora, en las entrevistas, ya no le preguntan tanto por la seriedad de sus trabajos, pero sí, por ejemplo, por su pasión por los quesos, que lo llevó a hacer un curso para aprender más del tema.

-Uno cuando es joven, se toma todo demasiado en serio. Demasiado. Hasta la gravedad. Me he ido frivolizando con el tiempo, cosa que agradezco. Frivolizar es una buena palabra, me gusta. Está mal señalada, estigmatizada, y lo frívolo es entretenido. Vivo de ello, como todas las personas. Me gusta la comida chatarra. No ando comiendo granos todo el día -confiesa.

-¿Qué pasaría si el canal quisiera convertirte en el nuevo galán de teleseries?

-No me da susto. Lo encuentro bonito. Divertido. No me ha tocado nunca, salvo ahora que tengo 48. No me va a tocar tanto rato en todo caso, no creo que esté 20 años haciendo de galán (risas).

-Y si ahora te ofreciera hacer un spin off, un producto extra a partir de "El camionero", ¿aceptarías?

-Ahí vas a poner "arrisca la nariz" -dice entre risas-.No tengo idea. No soy de mezclar las cosas. Lo que la gente tiene que hacer es lo que necesita hacer. Si una persona necesita hacer una obra de teatro de una teleserie, es porque necesita hacerlo. Qué es lo que necesita, no sé: quizás subirse al escenario para hablar de eso.

-Pero si te lo ofrecieran, ¿lo tomarías?

-No, no creo. Porque hago teatro desde otro lado. No sabría cómo actuar. Tengo una clave mucho más intensa en teatro.

AZALEAS Y QUESOS. Marcelo Alonso dice que el cambio de mirada vino antes de "El camionero". Fue después de actuar en 2015 en "Sunset Limited", junto a Roberto Farías, uno de los montajes teatrales más aplaudidos de ese año.

-Fue una obra súper importante en términos íntimos, en donde corté con varias cosas mías con respecto a los otros, y me concentré en encontrar otras que tenían que ver con mi intimidad, con mi relación con el escenario, mi diálogo con el compañero. Siento que para mí fue una emocionalización como actor que espero mantener -cuenta.

Hacer "El corazón del gigante egoísta" -"una obra para niños genios", dice él riéndose, a propósito de las críticas sobre que el montaje no estaba pensado para el público infantil- también cambió su perspectiva sobre lo que pasa cuando se toma un trabajo inesperado.

-De alguna manera soltó imágenes preconcebidas respecto a lo que tenía que hacer.Algo ha pasado con mi edad, probablemente, y con mi madurez, mi vejez y mi nueva juventud, que me he liberado de todo eso. Es entretenido, porque ahora se me acercan directores que no conocía. Cabros de 25, dramaturgos de 28, 32. A la Amparo y a mí nos invitaron a Los Contadores Awards (ceremonia organizada por el dúo teatral Los Contadores Auditores) a entregar un premio. Y yo miraba la galería y no conocía a nadie. Si me llamaran Los Contadores para trabajar sería increíble, pero no sé si hace diez años habría dicho lo mismo. He soltado amarras. Hace 20 años dirigía desde la otredad. Ahora solo dirijo desde la ternura.

Su última obra, que estrenará el viernes 28 de abril -una coproducción de Teatro UC y The Cow Company-, está dirigida desde esa perspectiva. "El padre", texto del joven dramaturgo francés Florian Zeller, lo ha llevado a trabajar desde lo más profundo de las emociones: allí dirige a Héctor Noguera, un octogenario que está perdiendo la memoria, al cuidado de su hija (Amparo Noguera). Una "farsa trágica", como la ha definido su autor. Marcelo Alonso agrega que los cinco primeros actos son muy graciosos, a partir de las situaciones que provoca el olvido.

-Es un tema duro. La obra tiene algo muy bonito: el equívoco, la obsesión y la reiteración pertenecen a la comedia. Imagínate la altura que tiene el Tito como actor, que es capaz de enfrentar arriba del escenario un tema que es fregado para una generación completa. Y es gracioso, porque la obra habla sobre el olvido y a veces al Tito se le olvida el texto y se pega (hace la mímica de quién se pega en la cabeza).

Los ensayos diarios le absorben varias horas, pero tienen recompensa: al llegar a su casa lo esperan su perro y su jardín: sus azaleas, sus rododendros y sus camelias, plantas de sustrato ácido que requieren cuidados que Marcelo Alonso aprendió en su niñez, junto a su abuelo y a su madre.

El actor es de esas personas que, lleguen a la hora que lleguen a la casa, riegan su jardín.

-Me crié en torno a eso. Para mi abuelo, el rosal no era una mata: desde chico yo sabía que un rosal era un rosal, que había distintos tipos, me enseñó a cortar las rosas desde chiquitito. No podría vivir en una casa con el patio pelado.

Y en la cocina lo esperan sus quesos, el principio de un sueño que espera cumplir algún día.

-El queso, como dice mi psicólogo, aparece en mi fantasía esquizoide de irme de todo. Yo he llegado a construir realidades en torno a mi fuga: una parcela autárquica, un ciclo cerrado en donde pueda cultivar el trigo, hacer el pan, criar vacas, lograr la independencia del libre mercado. Sueño mucho con eso, y el queso es parte de esa fantasía. Me encantaría ir al País Vasco a hacer un curso de queso de oveja y comprarme un terreno grande, de unas 50, 60 hectáreas en Osorno, en San Juan de la Costa, donde llueve mucho y hay buenos pastos. Tengo pensada hasta la forma de la casa.

"Hacer quesos aparece en mi fantasía esquizoide de irme de todo, lograr la independencia del libre mercado".

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