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Auge del café en Chile pavimenta el camino para el negocio de las tostadurías

lunes, 20 de marzo de 2017

Giselle Garrote
El Mercurio

Si bien antes el café de especialidad se importaba ya tostado, en la actualidad es cada vez más común que ese proceso se realice de forma local.

Desde el 2007 el tostado de café de especialidad en Chile es un negocio en alza. Ese año, Juan Mario Carvajal abrió en Providencia la cafetería Café Cultura, un espacio pensado para los fanáticos de esta bebida, donde también se han dedicado a tostar la semilla.

Según cuenta Carvajal, la idea surgió porque notó que la calidad del café ya tostado que importaban generalmente desde Colombia no era la adecuada. "No vale la pena importar un café tostado desde otro país, porque este llega añejo y con sus características disminuidas o destruidas", explica.

Como él, son varios otros los emprendedores que han apostado por este negocio. De hecho, se estima que solo en Santiago existen alrededor de una decena de tostadurías, las que importan la materia prima desde Kenia, Etiopía, Colombia y Burundi, entre otros países.

El auge, según los expertos, se debe a varios factores. Por un lado está el tema de las propiedades que se pierden al importarlo tostado, pero también está el tema del precio. Esto, ya que si una bolsa de 250 gramos se importa ya tostada, puede llegar a costar entre $15 mil y $25 mil para el consumidor final. Sin embargo, si se procesa en Chile, el precio final puede ser hasta un tercio menor.

Carlos Silva, tostador profesional y proveedor de varias cafeterías en Santiago y el resto de Chile, estima que en 2016 sus ventas crecieron en un 356%. Desde "Coffee Roaster 3841", el local que tiene en Lastarria, explica que sus clientas -cafeterías- pronostican que para esta temporada invernal sus ventas aumentarán en un 25%.

Formación de expertos

Para Juan Mario Carvajal, el futuro del negocio del café en Chile pasa por el desarrollo de las tostadurías. Por eso es que está apostando por la formación de baristas y tostadores profesionales.

De la misma idea es Carlos Silva, quien, junto a sus hermanos, tiene lo que llama una "barra experimental", en la que generan retroalimentación con sus clientes. Además, les ofrecen "productos que comercialmente no son posibles de encontrar y con técnicas de preparación nuevas", agrega, como por ejemplo los microlotes, variedades exclusivas que se producen a escala mínima.

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