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Acupuntura y cáncer:

Una terapia en alza

martes, 13 de septiembre de 2016

Por Sergio Caro.
Crónica
El Mercurio

Es una tendencia: esta técnica de la Medicina Tradicional China ayuda a enfrentar los efectos colaterales del cáncer. No es la cura, pero contribuye a controlar el dolor. Además, coopera en el manejo de la ansiedad, cuadros de depresión y otros síntomas colaterales.



Probablemente sigue siendo el diagnóstico más temido por la mayoría, aunque los avances en su detección y tratamiento han ido elevando la tasa de supervivencia de los pacientes. Según la definición del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI), el término "se refiere a enfermedades en las que células anormales se dividen sin control. Las células cancerosas pueden invadir los tejidos a su alrededor y propagarse a otras partes del cuerpo a través de la sangre y el sistema linfático", lo que lleva a la denominación de los distintos tipos de cáncer. Como es conocido, su tratamiento se realiza fundamentalmente a través de cirugía, quimioterapia y radioterapia. Estos procedimientos intervienen el organismo y generan una serie de efectos secundarios, los que van desde problemas digestivos a nerviosos, pasando por disfunciones endocrinas (como la caída del pelo), pero donde el factor común es el dolor.

Para contrarrestar estos síntomas, las personas han buscado alivio no solo en la medicina tradicional, lo que también ha tenido como consecuencia la aparición de supuestas curas milagrosas que no lo son. Con todo, la evidencia clínica obtenida en los últimos veinte años le ha abierto la puerta a la acupuntura para sobrellevar los síntomas relacionados con el cáncer y su tratamiento. "En ningún caso reemplaza los medicamentos ni la terapia médica convencional", dice el doctor Rodrigo Fonseca, de la Unidad de Cuidados Paliativos del Instituto Nacional del Cáncer (INC), dependiente del Ministerio de Salud. Fonseca dice que el objetivo es manejar el dolor (no significa que desaparezca, pero que se pueda controlar), que el paciente tenga menos requerimiento de fármacos y una mejor calidad de vida.

El doctor Fonseca no hace diferencias entre los distintos tipos de cáncer, ya que eso equivaldría a atribuirle poder curativo:

-Sería irresponsable y antiético, con la evidencia existente, decir que a una paciente con cáncer de mama la voy a tratar solamente con acupuntura, y a otros con quimioterapia o radioterapia. La acupuntura ha ganado su espacio en el manejo de síntomas colaterales de la enfermedad propiamente tal, pero lo que mejora la sobrevida de los pacientes es el tratamiento médico convencional moderno.

En el tratamiento del cáncer, la acupuntura ha mostrado mayor eficacia en el control de las náuseas y vómitos, asociadas principalmente con la quimioterapia y radioterapia. También en el manejo de la ansiedad y cuadros de depresión; síntomas como la resequedad en la boca y algunas neuropatías periféricas. También puede actuar sobre el sistema inmune, para hacer frente a las anemias y baja de plaquetas en pacientes con quimioterapia. Favorece asimismo la recuperación posoperatoria.

El médico agrega que la desventaja de la acupuntura es que es un procedimiento operador dependiente, por lo mismo es importante acudir a un terapeuta calificado. El Ministerio de Salud dispone de un registro nacional con los acupunturistas que han aprobado el examen de certificación. Además de las medidas asépticas establecidas por el reglamento, se utilizan agujas especiales con punta roma, que no rompen ni cortan. El terapeuta tampoco puede hacer un tratamiento por sí solo, sino que el paciente debe contar con el pase del médico que lo está tratando. "Se ha demostrado que hay una reducción de los medicamentos, sobre todo analgésicos, pero para eso tiene que haber una coordinación con el médico tratante", explica el profesional. Depende también de la gravedad y estado de avance de la enfermedad. Y, como en todo, el resultado puede variar de una persona a otra.
 
Más que una alternativa 

La acupuntura es un área de la medicina tradicional china. Consiste en la punción con agujas (también puede ser aplicando los dedos, calor o ventosas, entre otras técnicas) sobre puntos del cuerpo conectados a órganos y funciones específicas, que no necesariamente coinciden con la fisiología conocida. Así, al tratar un dolor de cabeza, por ejemplo, no es que haya que estimular directamente dicha zona. Esto es importante, por ejemplo, cuando se trata de un tratamiento postoperatorio, de heridas o cicatrices, donde no se podrían aplicar agujas.

Esta técnica tiene una historia milenaria: se cree que tiene de tres mil a cinco mil años de antigüedad, pero al menos sería coetánea de su símil hipocrática.  En Occidente se conoció a nivel masivo hace menos de 50 años. Esto se atribuye a una anécdota: en 1971, durante un viaje del secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger a China, un periodista del New York Times que integraba la comitiva sufrió un ataque de apendicitis. Para aliviar los dolores postoperatorios, le practicaron acupuntura. A su regreso, publicó un reportaje, aunque se dice que fueron Kissinger y el entonces Presidente Nixon los más interesados en promover este descubrimiento. Pese a que culturalmente estaban cerrados a Occidente, los asiáticos se abrieron a recibir a los profesionales occidentales que desde entonces acudieron a formarse en esta especialidad terapéutica, a la vez que se realizaban estudios científicos sobre su eficacia. Un hito fue que en 1996 la FDA estadounidense reclasificara las agujas usadas en acupuntura como instrumentos médicos, lo que le dio mayor credibilidad.

En Chile, la acupuntura se realiza desde mediados de los años 80. En los 90, surgieron escuelas dedicadas a su enseñanza. Las autoridades de salud vieron la necesidad de regular, y es así como en 2005, a través del decreto 42, el Ministerio de Salud anunció que se reconocerían las prácticas médicas alternativas como profesiones auxiliares de la salud. La primera fue la acupuntura, en mayo de 2008, con el decreto 123. Este reglamento, además de normar su práctica, estableció la certificación de los acupunturistas, quienes deben aprobar un examen nacional. Al mismo tiempo, abrió un nuevo enfoque de la práctica de la medicina en nuestro país.

Según el doctor Ernesto Vega -cirujano pediátrico con postítulo en Analgesia Acupuntural-, quien desde 1999 se especializa en las medicinas complementarias (es organizador de un Congreso Internacional que este año tiene su 13ª edición), cada vez se sabe más del efecto de la acupuntura para tratar el dolor. "Hay estudios desde los años 60 que hablan de cómo libera cierto tipo de mediadores químicos -endorfinas, encefalinas-, fundamentales en el manejo del dolor, que es el mayor uso que se le ha dado en Occidente", señala el profesional, secretario académico de la Escuela de Medicina de la Universidad Finis Terrae.

Ernesto Vega considera, sin embargo, problemas en su práctica.

-Se suele caer en el facilismo del recetismo; se conforman con conocer ciertas recetas acupunturales, por ejemplo, el punto tanto sirve para el dolor de cabeza, y eso es como ir a la farmacia o buscar en internet qué medicamento sirve para el dolor de cabeza. Te estás medicando sin ser médico. Pocos saben hacerlo con la profundidad que se requiere, fundamentando por qué eligen el punto que están eligiendo, de acuerdo con la fisiología que se alteró -explica, y comenta que generalmente quienes acuden lo hacen desencantados "de la medicina convencional, o de que nada de lo que probó la sacó de su estado de enfermedad; es gente que viene muy necesitada".

El médico destaca la importancia de informarse sobre qué se puede o no tratar con acupuntura. "Es útil cuando el desarrollo de la enfermedad está en una etapa predegenerativa, ya que la acupuntura funciona sobre la energía que hay en el organismo, maneja los flujos energéticos. Si las estructuras están alteradas, esos flujos no van a cambiar". Por eso, dice, permite tratar lesiones musculares, pero no sirve para curar deformaciones como la artrosis. Lo mismo ocurre con el cáncer.

Vega explica: "Se pueden hacer cuidados paliativos, pero no está indicada como un tratamiento; si dicen que cura, es probable que estén engañando".

Para el doctor Rodrigo Fonseca, no se trata de una medicina alternativa, sino complementaria. La idea no es que un tipo de tratamiento reemplace al otro, sino que la tendencia actual es que "debiésemos llegar a que sea una medicina integrativa, donde estas especialidades complementarias se coordinen con la medicina convencional".
 
¿Panacea?

Un rasgo habitual entre quienes buscan tratamientos complementarios es el desencanto con la medicina convencional y un cierto grado de desesperación por lograr resultados. Además, un porcentaje mayoritario de pacientes le oculta a su médico tratante que está recurriendo a otras terapias en forma paralela, lo que implica un riesgo, sobre todo cuando se ingieren productos que erróneamente se cree que no tienen efectos colaterales por ser de "origen natural", como las hierbas. Por eso, el doctor Fonseca, del INC, recalca la importancia de informarse.

 -La acupuntura es una ayuda, pero no es la panacea, por lo que no hay que crear falsas expectativas. Tiene limitaciones y contraindicaciones, como por ejemplo, que el lugar de la inserción esté infectado, o que el paciente esté en una condición aguda. También hay protocolos establecidos: primero, se hacen tres a cuatro sesiones donde ya debiese notar algún efecto. Si al cabo de cinco o seis sesiones no hay mejoría, es porque está mal hecho o porque en realidad la acupuntura llega hasta ahí en ese paciente.

Por otra parte, la aplicación de la acupuntura como paliativo de los efectos colaterales del cáncer no es comparable con el llamado "uso terapéutico de la marihuana". El doctor Fonseca explica que "la acupuntura es un procedimiento; por lo tanto, no se puede comparar con otra área que no sea un procedimiento, con algo farmacológico que va a depender de la metabolización del organismo y de otras condiciones".

Lo que es claro es que mientras en Chile la acupuntura ha tenido una demanda creciente en los últimos cinco años, se trata de una tendencia mundial. Desde la década pasada, los centros oncológicos líderes a nivel internacional siguen el concepto de medicina integrativa, que, de a poco, se está empezando a aplicar en nuestro país. "La idea es que en el sector público a nivel de hospitales podamos tener coordinación entre la medicina complementaria y la convencional", sostiene Rodrigo Fonseca, como ocurre en el INC, que depende del Ministerio de Salud.

Otra tarea pendiente tiene que ver con la educación. Algunas universidades están incorporando el conocimiento de las medicinas complementarias a la malla curricular de la carrera de Medicina, lo que implica una suerte de acercamiento entre dos mundos que hasta no hace mucho parecían incompatibles. El doctor Ernesto Vega, de la Universidad Finis Terrae, lo resume así:

-La medicina occidental se beneficiaría mucho del enfoque de la medicina china si logra incorporar la visión integral del ser humano. No sólo hay que enseñar medicina (los médicos chilenos sabemos mucho), también a tratar a la gente como merece ser tratada. Esto cambia tanto la percepción de calidad que se tiene de la práctica médica. Eso, que es tan sencillo, es lo que ha dado éxito a las medicinas complementarias. *

Esta técnica puede ayudar en varios niveles: desde actuar sobre el sistema inmune hasta enfrentar las anemias provocadas por la quimioterapia.

"Es una ayuda, pero no es la panacea, por lo que no hay que crear falsas expectativas", dice el médico Rodrigo Fonseca.

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