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Resurge la discusión por el control de armas, ya que el agresor compró uno de los rifles más letales:

Las tres horas que convirtieron la matanza de Orlando en la más mortífera de EE.UU.

martes, 14 de junio de 2016

Alicia Tagle y Nicolás García
Internacional
El Mercurio

El tiempo que tomó a las fuerzas de seguridad abatir al atacante impidió que algunas de las víctimas fueran socorridas antes.



Eran las dos de la madrugada del domingo y unas 350 personas habían entrado a la fiesta latina que se realizaba en el club Pulse, la discoteca gay de moda en Orlando, que prometía tocar esa noche ritmos como salsa, bachata y hip hop. Afuera, José Colón, un vecino puertorriqueño, escuchó tres disparos y vio a un hombre con un fusil, una pistola y muchas balas. "Veo al tipo bajando con el rifle y mata, mata; mata automáticamente al del valet parking (...) Le entra a tiros a un cristal que había ahí, entró y empezó a matar a gente", relató a la prensa.

En el local, algunos aseguran que solo vieron los cuerpos caer y que otras personas "se tiraban al suelo", mientras que los sonidos de los disparos eran confundidos con la música. Entonces empezaron las tres horas infernales en las que el atacante se atrincheró con rehenes hasta que un equipo de la unidad SWAT irrumpió rompiendo la pared con un vehículo. Había sangre por todas partes y "tuvimos que reptar sobre los cuerpos de las víctimas" para poder escapar, contó un testigo a la cadena estadounidense MSNBC.

Los 49 muertos, en su mayoría hispanos de entre 18 y 40 años, que dejó el ataque de Omar Mateen -estadounidense de origen afgano (29) que murió abatido por las fuerzas de seguridad- convierten a la masacre de Orlando en la más mortífera de la historia de EE.UU. y en la tercera en el mundo. Además dejó 53 heridos.

Hacinamiento y confusión

"El número de personas muertas está en función de que el lugar era un club nocturno con mucha gente abarrotada en un pequeño espacio y con la inhabilidad de dispersarse rápidamente", explicó a "El Mercurio" Paul Pillar, ex analista de inteligencia de la CIA. Para expertos en seguridad, el ruido en el local impidió, a su vez, que la gente dimensionara lo que realmente ocurría, ya que algunas personas incluso pensaron que los disparos eran petardos.

Una larga espera

"La culpa de los disparos es exclusivamente del atacante, pero mucha gente se pregunta por qué tomó más de tres horas que el incidente fuera resuelto", dijo a este diario Adam Lankford, profesor de la Universidad de Alabama que estudia tiroteos. "Se reportó que nueve víctimas heridas en el club murieron camino al hospital y si hubieran recibido atención médica antes, posiblemente algunos estarían vivos hoy". Es el mismo tiempo que habría permitido a Mateen seguir disparando.

La policía relató tres enfrentamientos sucesivos: el primero se produjo pasadas las 2:00 de la mañana, cuando un policía fuera de servicio y armado -que había estado trabajando en el local- respondió a los primeros disparos del atacante. Otros agentes llegaron casi de inmediato y entraron en el local donde se inició un segundo tiroteo. Fue entonces cuando Mateen se parapetó en uno de los baños del club donde retuvo a unas cinco personas.

Mientras, los rehenes mandaban mensajes de auxilio al exterior y relataban a sus familiares lo que estaba ocurriendo. "Estoy atrapado en el baño", escribió Eddie Justice (30) en una seguidilla de mensajes a su madre. A las 2:39 le dijo: "Se está acercando... Voy a morir". Once minutos después mandó el último: "Está aquí con nosotros".

"En ese momento fuimos capaces de salvar y rescatar a decenas y decenas de personas y sacarlos del club", relató el responsable del Departamento de Policía de Orlando, John Mina. Un equipo táctico de policía SWAT tomó posiciones al otro lado del muro del baño donde estaba Mateen y horas después las autoridades lograron comunicarse con él. Ahí entraron a operar los negociadores del FBI, que describieron al atacante como una persona "fría ya tranquila".

Sin embargo, la situación se volvió crítica cuando Mateen comenzó a hablar de "una bomba y explosivos", agregó Mina. Inmediatamente, los policías intentaron abrir una brecha en el muro del club con explosivos, pero no pudieron y decidieron estrellar el vehículo blindado de los SWAT. Mateen salió por la abertura y murió en un tiroteo con 11 agentes. Se investiga si alguna de las víctimas murió por fuego amigo.

El poderoso rifle

Mateen estaba armado con un rifle semiautomático AR-15 -que puede disparar múltiples ráfagas a alta velocidad- y una pistola 9 milímetros. En un video grabado durante la masacre, se oyen más de 20 ráfagas de disparos, sostiene The New York Times.

De hecho, los disparos iniciales que cobraron la mayor parte de las víctimas duraron cuatro minutos, según el británico The Times. Casi tanto como le habría tomado a Mateen llenar el formulario requerido para comprar el arma.

La compra de este rifle es legal en la mayoría de los estados de EE.UU., incluyendo Florida. El hecho de que el asesino haya sido investigado en 2013 y 2014 por el FBI por vínculos terroristas no impidió que lo consiguiera. Su licencia no expiraría hasta el 14 de septiembre de 2017, en un estado donde el 51,2% de los hogares cuenta con al menos un arma de fuego.

Y si bien cada vez que ocurre una matanza resurge la discusión sobre la tenencia de armas en EE.UU., Pillar asegura que "todavía hay pocas posibilidades de derrotar al políticamente poderoso lobby de las armas, especialmente si los republicanos retienen el control del Congreso del país".

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