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Experto en derechos humanos tercia en el debate que llegó al Congreso

José Zalaquett aboga por beneficios penitenciarios a ancianos: "La justicia no excluye la humanidad"

domingo, 17 de abril de 2016

LILIAN OLIVARES
Nacional
El Mercurio

Incluye a los internos de Punta Peuco y dice que las medidas de humanidad no admiten distinciones dependiendo de la gravedad del delito.



"Haré lo que me pida usted, que me pare en una pierna... estoy a su disposición", le contesta el abogado al fotógrafo que le solicita unos minutos.

El hombre de mente lúcida impresiona con su sencillez. Acomoda el bastón que hoy le ayuda a mantener erguida su imponente estatura y sale al hall del edificio donde dicta clases, cuidando no tropezar.

José Zalaquett Daher (74) es uno de los académicos que más ha profundizado en el tema de los derechos humanos.

-Usted mismo pudo haber sido víctima, ya que fue exiliado...

-Estuve preso un par de veces también, pero nunca me torturaron, y como usted ve, estoy vivo.

-¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de la época en que fue del MAPU?

-No tengo buenos recuerdos de esa época.

-¿Por qué?

-Yo creo que pensábamos que bastaba con los ideales para llegar a buen puerto, a pesar de que diéramos golpes de timón bastante alocados. Y resulta que provocamos una división muy grande entre los chilenos. Y eso es algo que no puede dejar un buen recuerdo.

Sus vivencias, su análisis y sus estudios lo convirtieron en un referente. Fue jefe del comité ejecutivo internacional de Amnistía Internacional, integró la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación que hizo el "Informe Rettig", formó parte de la Mesa de Diálogo, fue miembro de la Comisión Interamericana de DD.HH. y codirigió el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, su alma mater donde hasta hoy -y durante 22 años- enseña un curso... de derechos humanos. Ello, en paralelo al trabajo que desempeña en la UDD, donde dicta cursos bajo el sistema Masive Open Online Course (MOOC), con 19 mil alumnos del mundo.

Fuimos a preguntarle por un debate que inició este año el sacerdote jesuita Fernando Montes, que luego saltó al tapete en la discusión de la agenda corta antidelincuencia, y que quedó congelado en medio de una agitada discusión: ¿Hay que darles beneficios humanitarios a presos ancianos? Y de ser así, ¿a todos o a algunos que no hayan cometido delitos gravísimos o de lesa humanidad?

-¿Cuál es su punto de vista en este tema?

-En materia de graves crímenes, el derecho internacional moderno ha señalado que los crímenes de guerra, los más graves, o los contra la humanidad, deben siempre ser sometidos a la justicia. Esto no excluye, a mi juicio, medidas de humanidad en casos calificados.

Entre Rudolph Hess y Erich Honecker

Recuerda que él era dirigente de Amnistía Internacional cuando el líder nazi Rudolph Hess, que había sido condenado por el tribunal de Núremberg a cadena perpetua, quedó solo en la cárcel de Spandau.

-Amnistía Internacional les escribió a las autoridades de los aliados que administraban la cárcel: Estados Unidos, Unión Soviética, Inglaterra y Francia, pidiéndoles que una persona de edad muy avanzada no quedara en confinamiento solitario. La gente nos decía: "Él es un monstruo". Nosotros respondíamos: "Él será un monstruo, pero nosotros no". Nosotros no pedíamos ni la libertad de Hess ni tampoco que le dieran una medalla o facilidades extraordinarias, sino simplemente que no se le mantuviera en confinamiento solitario a una persona de tan avanzada edad.

Después de 41 años preso, casi ciego, con una pierna inmóvil y con demencia senil, en 1987, siendo el único recluso "en esa enorme cárcel de Spandau", murió.

También hay otro caso, recuerda Zalaquett y relata uno donde sí lo dejaron libre:

-El de Erick Honecker, el antiguo gobernante de la República Democrática Alemana que había dado la orden de disparar a matar a los que intentaran cruzar el Muro de Berlín. Y se le iba a juzgar por eso. Pero los médicos descubrieron que tenía un cáncer al hígado que no le iba a permitir vivir durante todo el proceso del juicio. Entonces lo dejaron ir y efectivamente se murió. Y su viuda todavía vive en La Reina, y sale a comprar el pan los días sábados, y va a las fiestas de los Abrazos del Partido Comunista, y aún añora la República Democrática Alemana; dice que la reunificación fue una de las grandes tragedias.

Concluye:

-En definitiva, estos dos casos muestran que la justicia no excluye la humanidad. Y si hay una persona que, por ejemplo, tiene un avanzado alzhéimer, que ni siquiera sabe donde está, que ya no existe como identidad, que es un cuerpo que no tiene memoria ni conciencia, no tiene sentido mantenerla en la cárcel. La medida de humanidad ni siquiera sería para él, sino para su familia, con el fin de tenerlo cerca en sus últimos días.

-Durante el debate en el Congreso, el senador Alberto Espina planteó qué pasaría si un hombre comete una violación a los 74 años y se establecen los 75 años como edad para no estar en la cárcel. ¿Quedaría libre después de un año? ¿Qué le respondería al senador?

-Yo respondería que la justicia debe hacerse, pero esto no significa que la pena debe ser necesariamente una cárcel. O sea, la persona debe responder ante la justicia. Y naturalmente hay un baldón, una marca de infamia en el hecho de que se condena a esta persona. Y si tiene que cumplir la pena en su domicilio si se aprueba una ley semejante pasada cierta edad, o por condiciones de salud, eso significa una pena todavía, porque no puede hacer lo que se le plazca, sino que tiene que mantenerse dentro de su domicilio.

Acota: "Pero yo creo que la medida de humanidad no admite distinciones dependiendo de la gravedad del delito. Por ejemplo, una persona con alzhéimer pudo haber cometido los crímenes más atroces, pero ya no es esa persona; ni siquiera sabe él quién es.

"El infame asesino de Tucapel Jiménez ya no es un monstruo"

-Don José, ¿usted conoce Punta Peuco?

-No, no he estado nunca ahí. Pero de las descripciones que he leído, entiendo que el penal Cordillera era un campo de vacaciones y Punta Peuco estaría a la altura de los estándares internacionales. El problema no es que Punta Peuco tenga condiciones al nivel de una cárcel escandinava, sino que el resto de los reclusos chilenos vive en condiciones miserables en la cárcel, inhumanas.

-¿Qué le parece la frase "ni perdón ni olvido"?

-Yo encuentro que esa frase no se contradice con medidas de humanidad, porque yo escribí también en "El Mercurio" un artículo hace 15 años que se llamaba "Justicia con clemencia". Y despertó en su momento mucho debate. Planteaba clemencia para personas que contribuyen con la verdad y muestran arrepentimiento. Por ejemplo, el señor Herrera Jiménez, que fue el asesino infame en su momento de Tucapel Jiménez, que lo degolló y después mató a un señor en Valparaíso para hacer creer que efectivamente él le había dado muerte... en ese momento, Herrera Jiménez era un monstruo. Yo diría que después de 25 años en la cárcel ya no es un monstruo. Ha pedido perdón en todos los tonos, ha reconocido que estaban locos ellos; estábamos locos nosotros, los opositores al régimen, también. Y ha colaborado con la verdad. Pero él no ha recibido ninguna medida de clemencia, y tengo entendido que tuvo un cáncer al riñón. Entonces, en el caso de él, no se trata de que no sea un crimen atroz. Merece toda la condena porque es atroz, pero esa persona ya no es un criminal y ha cumplido una pena que quizás es más larga de la que en muchos países se permite como máxima.

-El caso de Herrera Jiménez es extremo en el delito, pero ¿qué piensa del castigo a aquellas personas que están presas en Punta Peuco porque trasladaron a una comandancia a una persona que después desapareció, y se les acusa de "secuestro permanente"?

-Creo que la justicia debe determinar el grado de castigo, dependiendo de las pruebas y la gravedad del crimen que se haya demostrado. Pero, a mi juicio, la ley debiera permitir medidas de humanidad en casos de edad muy avanzada o de una grave enfermedad.

"NI PERDÓN NI OLVIDO"
"Esa frase no se contradice con medidas de humanidad".

''El asesino de Tucapel Jiménez ha pedido perdón en todos los tonos, ha reconocido que estaban locos ellos; estábamos locos nosotros, los opositores al régimen, también. Y ha colaborado con la verdad. Pero él no ha recibido ninguna medida de clemencia, y tengo entendido que tuvo un cáncer al riñón".

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