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Doctores y pilotos llevan atención a localidades del Biobío:

Médicos del Aire cumple seis años y espera replicar iniciativa en otras zonas aisladas

domingo, 10 de abril de 2016

SEBASTIÁN HENRÍQUEZ
Nacional
El Mercurio

Actividad partió después del terremoto de 2010 y afirman que el grupo ha alcanzado madurez en su trabajo. La idea es crecer, pero de la mano de equipos locales que conozcan sus respectivas regiones.



Cada vez que José Martínez, un pescador de la isla Santa María, ubicada a 29 kilómetros de la costa de Coronel, en la Región del Biobío, tiene que llevar a su hijo al neurólogo infantil, se prepara para una travesía de dos días.

"Si tengo hora un jueves, tengo que salir de la isla el martes por si hay mal tiempo y alcanzar a llegar a Coronel, entonces descansar y tomar temprano el bus a Concepción, al Hospital Regional".

La historia se repite para quienes, de entre los 2.200 habitantes de la isla, tienen que ir a atenderse con un médico especialista. Esto porque, a pesar de la cercanía con el continente, el único centro de salud es una posta que recién desde el 1 de abril cuenta con un médico residente.

De ahí que unas 200 personas se hayan reunido ayer temprano en la posta para esperar la visita de un grupo de diez médicos -todos especialistas- que viajaron en cuatro avionetas del Club Aéreo de Concepción.

El grupo, que se denomina Médicos del Aire, lleva seis años efectuando operativos en localidades aisladas del Biobío y Maule, y funciona, según su fundador y piloto, Felipe Schlack, gracias a la buena voluntad de los integrantes.

"Por una parte, está la voluntad de los médicos de volver a vivir el servicio a la comunidad", explica Schlack, añadiendo que "por otro lado, los pilotos necesitan cumplir con una determinada cantidad de horas de vuelo al año para mantener la vigencia de sus licencias. Con estos viajes las cumplen, y además por una buena causa".

La iniciativa partió después del terremoto de 2010, cuando Schlack y un amigo médico, Javier Opazo, se preguntaron quién estaba atendiendo la salud de los habitantes de las localidades más aisladas. Él y Opazo optaron por lo más simple: tomaron un avión y fueron a la isla Santa María a ver qué estaba pasando. Ese día llevaron a cabo 50 atenciones médicas y decidieron repetir la experiencia en otros lugares.

Desde entonces, y cada tres meses, un grupo que alcanza ya los 30 especialistas viaja a Cobquecura, Lebu, Parral y la isla Santa María.

Y, con el tiempo, han adquirido una experiencia que quieren replicar en otras zonas.

"Pensamos que los equipos locales pueden hacerlo mucho mejor, porque conocen sus regiones", dice. Por eso ahora preparan un manual, desarrollado junto a una universidad de Concepción, con el que pretenden que la experiencia se repita. "Ya estamos en algunas conversaciones, bien avanzadas. Esperamos que prenda", acota Schlack.

La iniciativa ha tenido otra consecuencia: las comunidades han comenzado a valorar sus pistas de aterrizaje.

"A donde vamos, los lugareños terminan desarrollando una cultura del vuelo. Cuidan más sus pistas y no dejan que entren animales, por ejemplo", dice Eduardo Cresta, piloto recurrente en los operativos y también instructor de vuelo.

Esta situación ha despertado el interés del Ministerio de Obras Públicas. De hecho, Blas Araneda, encargado regional de aeropuertos, viajó ayer para conocer in situ los problemas. "Las pistas aéreas prestan utilidad para la entretención, el control de incendios y también para estos servicios. De hecho, en carpeta tenemos asfaltar la pista de Cobquecura y mejorar la de la isla. Precisamente por esto", comenta.

Aeródromos
A raíz de esta experiencia, el MOP quiere mejorar pistas de aterrizaje en el Biobío.

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