Fondos Mutuos
En su reciente informe sobre el panorama económico mundial, el Fondo Monetario Internacional destaca un cierto mejoramiento de las perspectivas globales de mediano plazo, aunque con cuidadosas advertencias con respecto a los riesgos que plantea el futuro próximo. De hecho prosigue un doloroso proceso de ajuste de las economías de la Zona Euro, lo que está provocando importantes tensiones sociales y políticas en estas, las que, incluso, podrían amenazar la continuidad de dicho arreglo monetario.
Si bien en Estados Unidos las señales en materia de recuperación son cada vez más claras, se trata de un crecimiento lento, cuya continuidad permanece amenazada por la ausencia de un acuerdo político en torno a la forma en que alcanzará un equilibrio de mediano plazo en las finanzas públicas.
Por otro lado, Japón busca resolver sus prolongados problemas de pérdida de dinamismo a través de una agresiva -y por lo mismo, arriesgada- estrategia de política monetaria. Ello, mientras las autoridades económicas de China tratan de administrar un complejo proceso de expansión del consumo doméstico, en una economía donde existen fundadas sospechas de un peligroso nivel de sobreinversión, liderado por las empresas públicas.
Los riesgos asociados a la trayectoria futura de la economía mundial llaman a la cautela en la administración de la política económica de economías pequeñas y abiertas, como la chilena, al tiempo que hacen aconsejable una evaluación cuidadosa de los planes de gasto y endeudamiento del sector privado. Una ilustración de los riesgos asociados a los extendidos desequilibrios que presenta la economía mundial, se encuentra en la persistente caída que ha registrado el precio del cobre en el transcurso del presente año.
Una causa importante de los peligros asociados al escenario que enfrenta actualmente la economía chilena parece estar en la sensación de relativa inmunidad a los cambios externos y/o internos que se percibe en el debate doméstico de políticas públicas. Así, la constatación de un satisfactorio desempeño en materia de crecimiento del producto y empleo, en contraste con las atribuladas economías industrializadas, pareciera interpretarse como si los resultados económicos fuesen relativamente insensibles a las diferentes iniciativas de reformas económicas y políticas que comienzan a aparecer en nuestro país. La ilusión de una economía con piloto automático y sin obstáculos en la ruta.
Para evitar la incubación de desequilibrios -micro o macroeconómicos- que posteriormente agudicen las consecuencias internas de un eventual deterioro del escenario externo, es importante destacar que este ha sido particularmente positivo para la economía chilena en los últimos años, lo que explica una parte importante del buen desempeño observado por esta. Esto, en términos de un elevado nivel de los términos de intercambio y un conveniente acceso a los mercados financieros internacionales. Un cambio en estas condiciones, ciertamente afectará, en algún grado, nuestros resultados.
El contexto de contienda electoral que vive nuestro país hace más complejo el proceso de aterrizaje de las expectativas y la advertencia de los riesgos que conlleva el escenario económico global. De hecho esta es una etapa en la que los diferentes sectores en contienda pugnan por destacar los mejoramientos que podría alcanzar el país en la medida que se adopten las iniciativas que cada uno de estos impulsa, lo que en general lleva a subrayar las posibilidades de progreso disponibles, más que los riesgos que lo amenazan. Si bien se trata de un ejercicio legítimo, parece necesario complementarlo con una discusión más explícita con respecto a la forma en que las candidaturas vislumbran el escenario externo y a partir de este diagnóstico, conocer la forma en que se proponen sostener un ambiente favorable en materia de crecimiento de la actividad y el empleo, en la eventualidad de que dicho contexto muestre un deterioro relevante.
Por otro lado, es importante advertir que tras el proceso de ajuste por el que atraviesan numerosas economías en la actualidad, se encuentra una estrategia dirigida a elevar las condiciones de competitividad de dichas economías. En la misma dirección van los procesos de liberalización y apertura de otras economías, como las de Colombia, México y Perú.
Al respecto cabe también preguntarse cuál es la visión de los diferentes proyectos de gobierno en competencia con respecto a la forma en que la economía chilena enfrentaría un escenario en el que parece razonable esperar se intensificará la competencia por atraer recursos y proyectos, lo que podría provocar un deterioro en la capacidad de crecimiento de nuestra economía, en el caso en que no estemos debidamente preparados para ella.
Si bien los debates electorales suelen plantearse en términos de visiones de desarrollo de mediano plazo, no se puede soslayar que lo que está por delante es un período de cuatro años, lo que hace necesario poner en la discusión las estrategias de respuesta de las candidaturas frente a las fuerzas externas e internas que podrían estar presentes en dicho período.