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Durante el día de hoy, el Banco Central entregará una nueva versión de su Informe de Política Monetaria (IPoM). Como siempre, este es esperado con interés, en tanto entrega la visión de las autoridades monetarias respecto al escenario global en que se desenvuelve la economía chilena y los riesgos que esta podría enfrentar en el futuro próximo.
Un aspecto que se espera incluya el mencionado Informe se refiere a la eventual existencia de desequilibrios latentes en la evolución de algunos precios importantes a nivel macro, como el precio de las propiedades -en lo que se ha denominado como una posible "burbuja inmobiliaria"- y/o en la trayectoria de la demanda agregada. De hecho, ha aparecido con alguna frecuencia dentro de la discusión económica la hipótesis de una cierta "exuberancia irracional" en las expectativas del sector privado con respecto a las perspectivas de crecimiento de la actividad, lo que podría ocasionar problemas en el futuro.
Desde mi perspectiva, el comportamiento observado por la economía chilena refleja una reacción completamente racional y esperable a los estímulos que ha generado el entorno dentro del cual esta se inserta, lo que por cierto no implica que este no contenga riesgos que pudieran amenazar su desempeño futuro. En efecto, la combinación de la crisis financiera de las economías desarrolladas con el dinamismo que se espera de las economías emergentes -particularmente de China- ha configurado un escenario de abundante liquidez global y elevados términos de intercambio, lo que como era de esperar, ha impulsado el gasto interno, al tiempo que presiona a la baja del tipo de cambio real.
El eventual retiro del estímulo monetario en las economías desarrolladas, junto con los costos asociados a una caída excesiva del tipo de cambio real, configuran dos riesgos importantes que enfrenta en la actualidad nuestra economía. En ese contexto, una mirada atenta a la salud del sistema financiero y a la evolución del endeudamiento privado global junto con una prudente gestión de las finanzas públicas son ingredientes esenciales de una respuesta adecuada al escenario descrito.
Para el Banco Central resulta compleja la administración de la política monetaria en la actual coyuntura. Ello, por cuanto la combinación de un cuadro de abundante liquidez global con una fuerte integración a los mercados financieros externos limita fuertemente su capacidad de reacción a los desarrollos internos. Así, una eventual alza de la tasa de política monetaria (TPM), con el propósito de moderar el crecimiento de la demanda agregada, podría exacerbar el influjo de capitales y con ello la presión a la baja sobre el tipo de cambio real. Por el contrario, un rezago de la TPM frente a los desarrollos domésticos en materia de gasto interno, con el propósito de contener las presiones a la baja del tipo de cambio real, podría alentar la aparición de presiones inflacionarias.
El equilibrio es delicado y exige una evaluación cuidadosa de las opciones envueltas en las diferentes estrategias de política monetaria que se plantean en el contexto actual. En todo caso, en las condiciones actuales no se vislumbran desequilibrios macroeconómicos que pudieran requerir de ajustes inmediatos en la política monetaria, lo que a mi juicio lleva a desestimar la hipótesis de signos de "exuberancia" o de "irracionalidad" en la realidad que muestra actualmente la economía chilena.
En el plano de los riesgos internos, me parece importante destacar el insistente planteamiento que surge desde el ámbito político, en cuanto a que nuestra economía requeriría de una reforma tributaria "de verdad". En términos simples, esto debe entenderse como un alza relevante de la carga tributaria. Así, no obstante el dinamismo que muestran la actividad económica, el empleo y las remuneraciones, importantes sectores han insistido en la necesidad de promover un aumento en el tamaño del gobierno, con el propósito de avanzar rápidamente en el logro de una distribución del ingreso más igualitaria.
Dicha visión contiene varios supuestos discutibles y un riesgo evidente. En lo primero, me parece cuestionable que un alza en el tamaño del gobierno pueda lograr una mayor igualdad en la distribución del ingreso. Por otro lado, esta visión soslaya el mejoramiento sostenido que muestran los diferentes indicadores sociales, incluyendo los distributivos. Resulta inevitable hacer mención de las amenazas que plantea la eventual adopción de dicha estrategia sobre la capacidad de crecimiento de la economía y también sobre los equilibrios macroeconómicos. De hecho, nuestra propia historia económica de buena parte del siglo pasado constituye una ilustración elocuente de ello.
En tanto esta agenda de políticas públicas -inspirada en el protagonismo de "la mano visible del gobierno"- tienda a imponerse en el debate público, es razonable esperar que las preocupaciones por la supuesta "exuberancia" del crecimiento del producto, la inversión y el empleo tiendan a desvanecerse, sin que sea necesaria intervención alguna del Banco Central. Más que un ajuste, ello conlleva la amenaza de un cambio relevante en la capacidad de progreso de la economía chilena.