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Si todo resulta como está previsto, el XVIII Congreso del Partido Comunista de China -que comienza hoy jueves- se ungirá como nuevo secretario general del partido, el cargo más importante de ese país, a Xi Jinping.
Xi reemplazará en ese puesto a Hu Jintao, quien sin embargo retendrá por algunos meses la Presidencia de la República y la jefatura militar.
El otro traspaso de poder será el de Premier, que se trasladará desde Wen Jiabao hasta el actual Vice Premier, Li Keqiang. Xi y Li deberán enfrentar tres desafíos de alto tonelaje: apuntalar el crecimiento, controlar el desempleo y combatir la corrupción.
El nudo económico
Decir que un país tiene problemas de crecimiento porque en el tercer trimestre su producto "sólo" avanzó 7,4% sería exagerado, pero no para una economía de las dimensiones gigantescas de China.
De pasar de expansiones de dos dígitos en la década pasada, la nueva realidad muestra un lento pero sostenido proceso de ralentización. En el primer trimestre el país ya había crecido 8,1%, y en el segundo, 7,6%, medidos en 12 meses. El gobierno mantiene la esperanza de que 2012 cerrará con una cifra de al menos 7,5%, que de todos modos se ve pálida al lado del 9,2% de 2011.
El crecimiento asoma como la principal tarea económica de los nuevos líderes que tendrá China.
Xi y Li tienen orígenes diferentes. El primero es uno de los llamados "príncipes": su padre, Xi Zhongxun, fue uno de los máximos dirigentes de la China maoísta, pero en 1962 cayó en desgracia y fue purgado. Sólo en 1978, tras la muerte de Mao Zedong y la llegada del reformista Deng Xiapoing, Xi padre fue rehabilitado. Li, en cambio, tuvo un ascenso partidista metódico y sin influencias más que las que él mismo fue tejiendo en su carrera. Ambos, eso sí, comparten haber tenido una educación en las más prestigiosas universidades de Beijing.
Continuidad
Y ambos, además, son parte de la generación que promueve reformas económicas, motivo por el cual es probable que mantengan las líneas trazadas hasta ahora por el liderazgo de Hu Jintao: apoyo fiscal en el desarrollo interno, una moneda competitiva para potenciar las exportaciones y una orientación abierta a los mercados.
Siguiendo las más recientes cifras, que muestran una tasa promedio de desempleo apenas superior al 4%, nada ahí habría que preocupe.
Menos si se considera que los salarios en la zona interior han crecido 20% anual, o que en la primera mitad del año se crearan sobre ocho millones de plazas de trabajo.
Pero, tal como menciona Emerging Markets, existiría una tendencia de flujos migratorios desde la costa al interior. Las provincias de Henan y Sichuan han sido fuentes tradicionales de emigrantes laborales. No obstante, en el primer semestre retornaron 710 mil trabajadores a Henan, y en Sichuan el 50% de los adultos prefirió quedarse a migrar.
Aunque los números son más leves que aquellos surgidos justo después de la crisis financiera global de 2008, han inquietado a las autoridades en caso de que ahora la economía se desacelere más de lo esperado.
La función de Li, quien tiene un perfil proclive al bienestar social y es un ahijado político de Hu, será particularmente importante para entusiasmar a la población del interior de China. En todo caso, Xi Jinping también conoce de cerca la realidad del interior y las zonas rurales, pues él mismo fue destinado a tareas de servicio comunitario como parte de los efectos de la Revolución Cultural maoísta. Además, Xi tiene el apoyo político del antecesor (y sutil rival) de Hu en el poder, el octogenario y aún activo Jiang Zemin.
Corrupción sigue al acecho
Xi y Li no estarán solos. Son los líderes, pero ellos forman parte del Politburó, de 25 miembros, quienes son escogidos por el Comité Central del partido. Ese comité está conformado por unos 200 dirigentes que serán escogidos por los casi dos mil delegados del congreso del partido que se reúne desde hoy.
Dentro del Politburó hay otro estamento, el Comité Permanente, de entre siete y nueve miembros, que tendrá ahora una renovación generacional radical.
A él pudo haber llegado el defenestrado Bo Xilai, cuya esposa fue sentenciada a cadena perpetua por asesinato y él será enjuiciado por corrupción y encubrimiento de asesinato.
La corrupción, de hecho, será el asunto más delicado que enfrentarán los nuevos líderes. Hace unos días el New York Times denunció que la familia y amigos del saliente Premier, Wen Jiabao, se había enriquecido con más de US$ 2.700 millones durante su mandato.
En el ranking 2011 de percepción de la corrupción, de Transparencia Internacional, China se ubica en un magro puesto 75.
Existen constantes reportes que muestran cómo familias de dirigentes hacen negocios con empresas del estado en condiciones favorables. Si existiera una pulsión de malestar social, la corrupción interna podría desencadenarla. Xi, Li y sus compañeros a la cabeza institucional del país deberán demostrar que las reformas benefician a toda la población y no a unos privilegiados por sobre los demás.