25.07.2011
Carolina Ubilla y Carlos Oliva
Hugo Krauss, ex socio de Rotter & Krauss, cumple un año con su centro contactológico de nicho
Sus hermanos lo tildaron de loco. Como ex socios de Rotter & Krauss, no comprendían cómo, después de tantos años de trabajo, Hugo Krauss había decidido continuar en el negocio de las ópticas.
"Retirarme habría sido muy cómodo. Pero me quedó la sensación de que aún puedo aportar y aprender mucho", explica este empresario de 75 años que hace doce meses levantó su propio recinto contactológico llamado HK Centro Visual.
La empresa le exigió un desembolso inicial de US$ 2 millones, y pese a que sigue invirtiendo en ella, Hugo Krauss está feliz. Su centro sólo importa el 10% de los elementos que necesita para aplacar las complejas necesidades visuales de los pacientes. El resto es de fabricación propia.
Pero Hugo quiere más. Pretende abarcar el rango completo de soluciones visuales. Ya cuenta con un equipo de 10 personas, la mayoría ex empleados de Rotter & Krauss que lo siguieron en esta "loca" aventura de hacer lentes para casos particulares.
Para Hugo, este proyecto es la última fase de una carrera de más de 50 años en el rubro de las ópticas. "No quería irme con la sensación de que había trabajado tantos años, pero sin cumplir el último eslabón: la satisfacción de hacer las cosas de una manera distinta", acota.
Esa manera distinta es la de generar productos en base a calidad, experiencia y tecnología. Algo que difícilmente pueden hacer las grandes firmas, según él, pues éstas tienen como finalidad la venta masiva.
"La gente joven que entra en este mercado quiere el easy way , que el tiempo del paciente en las oficinas sea el menor posible. Y nosotros estamos haciendo todo lo contrario", explica el empresario.
No todo ha sido fácil. Sobre todo porque el equipo detrás de esta empresa es pequeño, muy distinto al back office de la empresa donde trabajaba. Pero hay altas expectativas.
Para este año pretende facturar del orden de un millón de dólares en ventas, además de fabricar el mejor lente para las deformaciones de córnea. Serán los primeros en hacerlo en Latinoamérica. Y es entendible, más cuando este emprendedor se enorgullece al decir que "en el mercado chileno no hay nadie que aborde la gama de soluciones que entrega HK Centro Visual".
Nora Moguillansky, ex gerenta del Banco de Chile, hoy dueña de una pastelería que factura casi $400 millones al año
Aunque desde muy pequeña Nora era aficionada a la pastelería, jamás pensó en vivir de ello. Estudió Ingeniería Comercial en la U. de Chile y trabajó cerca de 15 años en el Banco de Chile, donde ejerció como gerenta de producción y gerenta de personal. Pero no descuidó nunca su gran pasión: las tortas con diseño que aprendió a cocinar en su infancia en Argentina.
Hoy, conocida en el rubro de la pastelería por sus llamativas tortas, Nora ha estado a cargo de elaborar desde el pastel de la celebración del bicentenario del Congreso hasta la del cumpleaños número 40 del empresario Leonardo Farkas.
Cuando tenía 50 años, y muchas ganas de dedicarse a su negocio propio, dejó su trabajo en el banco en el 2000. Dos años antes, en 1998, había montado una pastelería con una socia y compatibilizar el negocio y el trabajo se había vuelto cuesta arriba. "Al principio fue bien sacrificado todo. Era tremendo. Al final me empecé a quedar dormida en el trabajo, y la verdad es que lo único que quería era estar en mi negocio. Los primeros dos años no ganábamos plata, siempre había que estar poniéndole plata al negocio; por suerte yo tenía mi sueldo y mi amiga también ponía, pero a la pastelería no le iba muy bien, no daba para dos personas. Ahí fue cuando me salí del banco y le compré su parte a mi socia", relata.
Una vez que se quedó sola al mando de la pastelería, que bautizó "Manjares", Nora trabajó para consolidar su empresa: "Hablé con mis hijos porque no era tan fácil pasar del banco a esta aventura y ellos me apoyaron mucho. Me repartían tortas, me ayudaban en los eventos y el negocio empezó a crecer y crecer".
Incluso, el local que arrendaba en la calle Warren Smith le quedó chico. Arrendó uno más grande, en Del Inca, donde está actualmente. "Se dispararon los gastos. El primer año nuevamente no estuve muy bien, eso fue en el 2008", dice. Pero pronto las cuentas comenzaron a ordenarse. Contrató más personal y las ventas fueron creciendo.
Se fue haciendo más conocida en el rubro de las tortas, pese a que también trabaja con productos salados y presta servicios de banquetería. Por ahora no tiene planes de expandir su negocio, el que en 2010 facturó casi $400 millones.
Carlos Larenas Peñafiel, general de brigada (r), hoy lidera una firma que transforma vehículos a gas
Luego de 38 años en el Ejército y con apenas 53 años, Carlos Larenas salió a retiro con una cartita bajo la manga. "En mis últimos años en el Ejército estaba preocupado de lo que venía. Uno se retira joven, entonces tienes que hacer algo después. Unos dos años antes de salir, con un amigo -que se transformó en su socio- vimos la posibilidad de montar un novedoso negocio: convertir vehículos para que utilicen gas natural como combustible", cuenta.
Lo que Carlos no sabía era que el negocio no iba a resultar fácil.
Tras estudiar el mercado, escogió a la empresa italiana BRC para traer una representación a Chile. En 2001 comenzó a operar BRC Chile. "No tuvo muy buen despegue. En Chile no había cultura de gas vehicular y el proceso se inició muy lento. Pasaron dos años y la cosa seguía mal. La plata se iba gastando y el negocio no prendía. Además, por motivos personales mi socio dejó la empresa y me quedé solo, con tan mala suerte que después vino la crisis del gas con Argentina, y fueron dos años y medio prácticamente sin gas", relata.
Pensó en cerrar, pero en ese momento la empresa Gasco se acercó y le propuso comenzar a convertir vehículos para que utilizaran gas licuado. "Eso ayudó. Pudimos mantenernos", señala.
Pero tiempos mejores se avecinaban. La construcción del GNL de Quintero fue el empuje que faltaba para que BRC Chile avanzara a paso firme y retomara la conversión con gas natural (hoy convierten a gas natural y licuado). El segundo gran salto vino de la mano con Gasco: "Gasco creó la empresa Autogasco, con la cual tenemos un trabajo conjunto, no sólo en Santiago, sino también en regiones. Desde hace unos dos años, la cosa se arregló bastante. Antes transformábamos entre 150 y 200 autos al año, y este año pretendemos llegar a los dos mil", dice.
Larenas cree que el futuro es promisorio, pues si bien hoy su negocio se enfoca en la conversión de taxis, colectivos y flotas comerciales, apuesta a que en un futuro los usuarios particulares opten por este combustible.
A pesar de los problemas iniciales, Larenas se muestra satisfecho: "Seguir trabajando es un aliciente, por dos cosas. Uno, para no envejecer y anquilosarse tan rápido; y segundo, porque cuando las cosas resultan, son ingresos económicos que ayudan al bienestar familiar. Ahora estoy contento, porque después de pelear por esto ocho años, haber logrado el objetivo de salir adelante es una satisfacción para mí y para el personal de la empresa".