La núcleo-electricidad es una opción para dotar a Chile de mayor independencia y seguridad energética. Esto es clave en un escenario en que el suministro de gas natural es incierto –y su precio es alto-, y en el cual la generación a partir de hidroelectricidad también es inconstante.
Además, hay voces que plantean que al cabo de dos décadas Chile podría agotar completamente su fuente hidroeléctrica explotable, lo que traería aún más vulnerabilidad.
A juicio del ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, "Chile necesita diversificar su matriz energética sin excluir ninguna fuente (…) No es que unas energías sean buenas y otras no, lo que hay es que unas son muy favorables a unos objetivos y francamente inconvenientes para otros".
En esa misma línea, el físico Jorge Zanelli, director de la comisión presidencial sobre la nucleoelectricidad, ha planteado que si se desecha la energía nuclear, Chile estaría obligado a recurrir a todos los recursos hídricos y renovables no convencionales disponibles, los que sólo cubrirían el 50% de la demanda eléctrica proyectada a 2020, dejando el resto a cargo de unidades alimentadas con carbón.
En este tema cabe destacar que pese a que el Gobierno le está dando una gran importancia al desarrollo de las energías renovables no convencionales (ERNC), existe conciencia de su alto costo. "Contar con una energía mucho más verde puede tener un costo que el país no está en condiciones de pagar, en términos de desaceleración del crecimiento y una mayor factura energética", planteó el ministro del Interior.
"Soy partidario de desarrollar la energía nuclear como una fuente de energía limpia, aunque el desarrollo de esa y otras fuentes no descarta que la energía hidroeléctrica seguirá siendo nuestro abastecimiento más seguro".
Con esta declaración, hecha en julio de 2008, el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, se desmarcó de lo que hasta entonces había sido el discurso público en torno al desarrollo de la energía nuclear con fines eléctricos en Chile. El gobierno había señalado constantemente que no era posible pronunciarse a favor o en contra de esta fuente, hasta que no estuvieran todos los estudios sobre la mesa.
El secretario de Estado precisó -en su intervención en la inauguración de un curso de energía organizado por la Universidad del Desarrollo y un grupo de empresas del sector- que sólo hasta esa fecha el alza en los precios de los combustibles le había costado al país unos US$ 3.900 millones, mientras que la crisis energética, por sí sola, había significado entre 1,2 y 1,5 puntos porcentuales de menor crecimiento.
"Acepto que podamos llegar a la conclusión de que no es posible contar con energía nuclear porque hoy es prematuro, pero lo que no podemos aceptar es una decisión basada en dogmas o en prejuicios. Los países en desarrollo no podemos tolerar que el uso pacífico de la energía nuclear nos esté vedado, y usarla, o no, es una decisión que debemos tomar nosotros", aseguró Pérez Yoma.
Según Christian Schmidt, experto en la materia y académico de ANEPE, la energía nuclear además entregaría prestigio al país ya que le permitiría ser partícipe en la toma de decisiones sobre temas comerciales o tecnológicos de alcance regional e internacional.
De acuerdo a información publicada por el Instituto Libertad y Desarrollo en su serie “Temas Públicos”, por razones de calce de tamaño, un reactor nuclear grande –que en general es de más de 1000 MW- podría ingresar al SING recién hacia el año 2025. Al SIC, en tanto, podrían entrar hacia el año 2018 (lo anterior, considerando que la decisión de implementarlo se tomara de inmediato).
Hay otras estimaciones más conservadoras, que plantean que se requieren al menos 15 años para que un reactor esté operativo.
Otros reactores más pequeños, en tanto, que estarán disponibles en el mercado probablemente a partir de la próxima década, no tienen problemas de calce por tamaño. El ingreso de este tipo de unidades no está restringido por el tamaño de la red y requiere una construcción más breve, del orden de 36 meses.
La secuencia típica de un programa con estos reactores supone, por ejemplo, que si se adoptan las políticas necesarias en el año 2010, se permitiría la primera carga de combustible nuclear hacia el año 2018 tanto en el Sistema Interconectado del Norte Grande como en el Sistema Interconectado Central.